Naama Bay, aguas calmas y paseo marítimo en el centro de Sharm
La Bahía de Naama (Naama Bay) es el corazón turístico, comercial y balneario de Sharm el-Sheij. Dotada de una ensenada protegida de aguas calmas de arena suave ideal para el baño familiar y el snorkel costero, cuenta con un animado paseo marítimo peatonal repleto de terrazas, restaurantes de marisco, clubes de buceo y bazares.
Por Daniel
- Ubicación
- Centro de Sharm el-Sheij, a 12 km del Aeropuerto Internacional
- Playa
- Ensenada natural de arena dorada sin arrecife cortante en la orilla
- Ambiente
- Familiar y deportivo de día; gastronómico y nocturno al anochecer
- Actividades
- Snorkel, parasailing, paseos en barco de cristal y centros de buceo PADI
La Bahía de Naama fue uno de los núcleos pioneros del turismo en Sharm el-Sheij en los años ochenta. Protegida de los vientos dominantes del Mar Rojo en Egipto, ofrece una amplia infraestructura de ocio y playa urbana en la costa del Sinaí.

Playa segura y deportes náuticos
A diferencia de otras zonas costeras de Sharm donde los arrecifes de coral bordean la misma orilla obligando a acceder al agua por pasarelas flotantes, la playa de Naama Bay cuenta con zonas arenosas despejadas de poca profundidad donde nadar con absoluta comodidad.
En sus extremos norte y sur sobreviven pequeños arrecifes de coral donde incluso principiantes con tubo y gafas pueden avistar peces loro, rayas moteadas y peces mariposa a pocos metros de la toalla.
El paseo marítimo peatonal nocturno
Al caer la tarde, el paseo peatonal cerrado al tráfico que bordea toda la bahía cobra una vitalidad inagotable.
Las terrazas de los cafés extienden alfombras y cojines sobre la misma arena iluminadas por farolillos y antorchas, ofreciendo cenas con pescado fresco a la plancha, shishas de sabores aromáticos y espectáculos tradicionales de danza tanoura con faldones giratorios multicolores.
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Snorkel de acceso directo, ambiente cosmopolita y vida marina en la bahía
La Bahía de Naama constituye uno de los enclaves pioneros del turismo moderno en Sharm el-Sheij, beneficiándose de una ensenada natural de aguas tranquilas resguardada de las corrientes del mar Rojo.
Su gran ventaja para los bañistas radica en que cuenta con amplias franjas de arena fina y pendiente suave, algo poco común en un litoral predominantemente dominado por arrecifes de barrera afilados.
A escasos metros de la orilla, pequeñas formaciones coralinas permiten practicar snorkel sin necesidad de embarcarse, descubriendo bancos de peces loro de colores brillantes, peces mariposa con rayas amarillas, lábridos y tranquilas rayas de manchas azules que reposan sobre el lecho marino arenoso.
Al caer la tarde, la actividad se desplaza hacia el extenso paseo marítimo completamente peatonal que recorre en curva toda la bahía bajo hileras de palmeras iluminadas.
Las terrazas al aire libre cobran vida con alfombras y cojines de estilo beduino donde los visitantes degustan té negro a la menta, saborean cafés aromatizados con cardamomo y disfrutan de la música ambiental frente al oleaje suave.
Es un centro neurálgico cómodo para encontrar agencias locales de excursiones, centros certificados de buceo, tiendas de artesanía egipcia y restaurantes especializados en pescado fresco del mar Rojo servido a la parrilla con especias orientales.
Para aprovechar al máximo una estancia en Naama Bay, conviene llevar escarpines de agua con suela de goma para caminar con seguridad sobre zonas mixtas de roca y arena, evitando pisar erizos marinos o corales frágiles.
Asimismo, conviene utilizar protectores solares libres de oxibenzona para no dañar los ecosistemas marinos protegidos. Si te atraen las actividades náuticas, los paseos en kayak, el paravelismo y las lanchas con fondo de cristal ofrecen alternativas accesibles para observar la riqueza submarina sin sumergirse por completo.
De aldea de pescadores a bahía turística
Hasta hace pocas décadas, esta parte del litoral del Sinaí era un enclave casi deshabitado, frecuentado por pescadores y por tribus beduinas que conocían cada pozo y cada sendero del desierto.
Tras la devolución de la península a Egipto en 1982, el gobierno impulsó el desarrollo de la costa, y Naama se transformó en uno de los primeros núcleos turísticos de la zona. Desde entonces ha crecido con rapidez, aunque todavía conserva rincones donde se percibe el carácter de aquel pasado.
Hablar con las personas que trabajan aquí es una buena forma de entender el cambio. Muchas pertenecen a familias beduinas o a comunidades llegadas desde el Valle del Nilo, y pueden contarte cómo era el lugar antes de la llegada de los primeros visitantes.
El mar Rojo bajo la superficie
El mar Rojo alberga una de las comunidades de coral más ricas y mejor conservadas del planeta. Sus aguas cálidas y transparentes sostienen cientos de especies de coral y más de mil de peces, con un porcentaje notable de especies que no se encuentran en otros mares.
Con unas gafas y un tubo, incluso desde la orilla, es posible ver bancos de peces de colores, erizos, anémonas y, con suerte, alguna tortuga.
Los arrecifes son frágiles. Un solo golpe de aleta o un pie mal colocado pueden dañar corales que han tardado años en crecer. Entra al agua desde las zonas habilitadas, mantén la distancia con el fondo, no toques ni pises el coral y no recojas conchas ni piezas marinas.
Usa un protector solar que respete el medio marino o, mejor, una camiseta de manga larga con protección.
Un paseo con carácter propio
Al caer la tarde, el ambiente cambia. Aparecen las terrazas, los puestos de aromas dulces y las tiendas de recuerdos, y los paseantes recorren sin prisa el paseo peatonal.
Es habitual que los comerciantes te saluden e inviten a mirar; responde con amabilidad, y si no te interesa, un gesto cordial es suficiente.
Si quieres comprar, es costumbre negociar el precio con buen humor.
Ten en cuenta que Egipto es un país de mayoría musulmana: vestir con discreción fuera de la playa, evitar la ostentación y respetar las costumbres locales, sobre todo durante el mes de Ramadán, ayuda a que la experiencia sea grata para todos.
Para refrescarte, prueba el karkadé, una infusión fría o caliente de hibisco que se sirve en muchos locales, o un zumo natural de fruta de temporada. Después de un día de sol y agua salada, es una pausa que se agradece.





