Triana, alfareros y flamenco al otro lado del Guadalquivir

Triana, al otro lado del río Guadalquivir, es el histórico barrio marinero, ceramista y flamenco de Sevilla, con una fuerte tradición gitana centrada en la desaparecida 'Cava de los Gitanos'. Su tradición alfarera sigue viva en el Centro Cerámica Triana, instalado en 2014 en la antigua fábrica Santa Ana. El acceso al barrio es libre y gratuito en todo momento.

Por

Ubicación
Orilla oeste del río Guadalquivir, Sevilla
Tradición
Barrio marinero, alfarero y cuna del flamenco
Centro Cerámica Triana
Abierto en 2014 en la antigua fábrica Santa Ana
Acceso
Libre y gratuito en todo momento

Triana es el barrio al otro lado del Guadalquivir que da a Sevilla buena parte de su identidad popular y flamenca.

El Puente de Triana sobre el río Guadalquivir en Sevilla.
Anual (CC BY 3.0)

La Cava de los Gitanos y el nacimiento del flamenco

En la zona de la actual calle Pagés del Corro se ubicaba la histórica 'Cava de los Gitanos', un antiguo foso, considerado tradicionalmente defensivo, que con el tiempo se convirtió en el asentamiento de una importante comunidad gitana.

Esa comunidad es señalada por buena parte de los historiadores como uno de los focos originales del nacimiento del flamenco en Sevilla.

El barrio alfarero de Sevilla

Triana ha sido tradicionalmente el barrio ceramista y alfarero de la ciudad, con talleres que abastecieron durante siglos la producción de azulejos usados en monumentos como el propio Real Alcázar o la Plaza de España.

En 2014 se inauguró el Centro Cerámica Triana en la antigua fábrica de cerámicas Santa Ana, dedicado a preservar y explicar esa tradición artesanal.

Pasear por sus calles junto al río, cruzando el histórico Puente de Triana, es una de las formas más auténticas de conocer la Sevilla menos monumental y más cotidiana.

Planifica tu viaje a Sevilla:

• Guía de Sevilla

• Torre del Oro

• Basílica de la Macarena

El Callejón de la Inquisición, la Calle Betis y la alfarería tradicional

Cruzar el icónico Puente de Triana, oficialmente denominado puente de Isabel II y construido en hierro entre 1845 y 1852 según el modelo del puente del Carrousel de París, supone adentrarse en una orilla con identidad y orgullo propios.

Al pie del estribo del puente se abre la Plaza del Altozano y el Mercado de Triana, cuyos cimientos asientan directamente sobre los restos arqueológicos del antiguo Castillo de San Jorge.

Esta fortaleza fluvial, primero baluarte militar andalusí y posteriormente sede del Tribunal de la Santa Inquisición durante más de un siglo, conserva visitables algunos de sus restos en los sótanos del mercado.

Junto al mercado arranca el umbrío y estrecho Callejón de la Inquisición, un pasaje encajonado entre muros encalados que recuerda el pasado inquisitorial del castillo.

El dramatismo de este rincón contrasta de inmediato con la intensa luminosidad de la contigua Calle Betis, una balconada continua sobre el cauce del Guadalquivir cuyas fachadas estrechas de tonos albero, almagra y azul cobalto ofrecen una de las estampas más conocidas del caserío histórico sevillano, con la Torre del Oro, la Maestranza y la Giralda recortándose al otro lado del río.

El alma industrial y artística del arrabal palpita en el Centro Cerámica Triana, situado en la calle Antillano Campos, en la antigua fábrica de Santa Ana.

En este espacio museístico se conservan los hornos de cocción restaurados, los molinos de esmalte y muestras de la azulejería tradicional que ha decorado conventos, palacios y patios de Andalucía.

Perderse sin rumbo hacia la plazuela de Santa Ana permite admirar la parroquia gótico-mudéjar conocida como la catedral de Triana y respirar el ambiente genuino de sus tabernas populares, donde el cante flamenco y la tertulia forman parte natural del día a día.

Asomarse a los patios comunitarios de los antiguos corrales de vecinos, como el emblemático Corral de las Flores, revela la convivencia solidaria de las familias alfareras y gitanas que forjaron el espíritu trianero.

Si tu viaje coincide con las noches estivales de finales de julio, la popular Velá de Santa Ana llena el paseo fluvial de farolillos, buñuelos de viento y el tradicional juego de la cucaña sobre el cauce del río Guadalquivir.

Semana Santa y devoción marinera

Triana tiene una relación muy intensa con la Semana Santa, y entenderla ayuda a leer el barrio.

Sus hermandades más conocidas, como la de la Esperanza de Triana y la del Cristo de la Expiración, popularmente llamado El Cachorro, forman parte del Viernes Santo (la Esperanza de Triana en la Madrugada y El Cachorro por la tarde) y cruzan el puente de Isabel II camino de la Catedral.

Para muchos vecinos es el momento del año con más carga emocional, y las calles del barrio se llenan de gente mucho antes del paso de las cofradías.

Esa devoción tiene raíces marineras. La Capilla de los Marineros, en la calle Pureza, recuerda que en Triana vivían gentes del río y del mar que ponían su vida en manos de la Virgen antes de embarcar.

Pasear por esa calle y por la cercana calle Castilla permite ver casas bajas, balcones con macetas y pequeños retablos cerámicos que muestran cómo la religiosidad popular se mezcla con la vida diaria.

Una orilla con orgullo propio

Los sevillanos suelen decir que Triana es casi una ciudad aparte, y a veces se la llama en broma la república independiente de Triana.

La expresión no es oficial, pero refleja un sentimiento real: el trianero se identifica con su barrio por encima de todo, con sus tabernas, sus corrales de vecinos, sus bares de barra y su forma de hablar.

Ese carácter nació de siglos de vida diferenciada, entre alfareros, marineros y familias gitanas que compartían calles y fiestas.

Si quieres sentir ese ambiente, conviene caminar sin mapa por las calles que se alejan del río. Allí aparecen azulejos con escenas locales, tiendas de cerámica y pequeños bares donde se habla de toros, flamenco y cofradías con la misma pasión.

No es un barrio pensado para el turismo masivo, y eso es parte de su atractivo: se visita mejor con curiosidad y sin prisa, dejando tiempo para sentarse y observar la vida cotidiana de la orilla oeste.

Para saber más