Frente al Marco Cero se alzan las torres neogóticas de la Catedral da Sé
La Catedral Metropolitana de São Paulo (Catedral da Sé) es uno de los mayores templos neogóticos del mundo, situado frente al monumento del Marco Cero en la Praça da Sé. Inaugurada en 1954, destaca por sus torres de 92 metros, su cúpula renacentista y su amplia cripta subterránea.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El epicentro geográfico y espiritual de la metrópoli
Frente a la explanada donde se alza el prisma de mármol del Marco Cero en São Paulo, la Catedral da Sé domina el paisaje del centro tradicional de Brasil. Su cúpula evoca la catedral florentina de Santa María del Fiore.
La cripta subterránea de mármol
Bajo el presbiterio se extiende una cripta monumental que funciona como una verdadera iglesia subterránea. En ella descansan los restos de los obispos paulistas y del legendario cacique Tibiriçá, figura indígena clave en la fundación de la aldea jesuítica en el siglo XVI.
A pocas cuadras se llega al tradicional Theatro Municipal y al Mercado Municipal.
Visitas guiadas a la cripta:
El ingreso a la nave de la catedral es libre y gratuito. Consulta en la web oficial las condiciones de acceso a la cripta.
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El coloso neogótico del Marco Zero, capiteles de fauna brasileña y la gran cripta
Presidiendo con imponente majestuosidad la Praça da Sé, el centro geográfico y fundacional de la mayor metrópoli de Sudamérica, la Catedral Metropolitana de Nuestra Señora de la Asunción y San Pablo —conocida unánimemente como la Catedral da Sé— es uno de los mayores templos de estilo neogótico del planeta.
Su emplazamiento marca el kilómetro cero de la ciudad y de todas las carreteras del estado de São Paulo, señalizado por un emblemático monumento hexagonal de mármol tallado en mitad de la plaza.
Iniciada en 1913 bajo el diseño del arquitecto alemán Maximilian Hehl para sustituir a la antigua iglesia colonial derruida, las obras se prolongaron durante más de cuatro décadas, siendo inaugurada solemnemente en 1954 en el marco de las celebraciones por el cuarto centenario de la fundación de la ciudad.
El templo impresiona por sus proporciones colosales: ciento once metros de longitud, cuarenta y seis metros de ancho y dos esbeltas torres campanario que se elevan noventa y dos metros hacia el cielo, con capacidad para albergar a más de ocho mil fieles en su interior.
Sobre el crucero de la catedral se alza una monumental cúpula de estilo renacentista, inspirada en la famosa cúpula de Brunelleschi en la catedral de Florencia.
Un detalle arquitectónico original reside en sus capiteles interiores de piedra labrada: en lugar de los tradicionales motivos vegetales europeos, los escultores esculpieron elementos autóctonos de la biodiversidad brasileña, como ramas de cafeto con sus frutos, piñas tropicales y animales nativos como los armadillos.
Bajo el altar mayor se accede a la cripta subterránea: una vasta basílica subterránea sostenida por columnas y arcos de perfil gótico donde reposan figuras trascendentales de la historia paulista, entre ellas el cacique indígena Tibiriçá, quien facilitó la fundación jesuítica de la villa en 1554.
La música de su monumental órgano italiano de doce mil tubos sonoriza las solemnes ceremonias litúrgicas de los domingos con una acústica conmovedora.
Admirar la arquitectura neogótica y las dos torres de cantería de 92 metros de altura.
Observar en los capiteles de las columnas los singulares tallados de fauna y flora brasileñas.
Descender a la monumental cripta subterránea donde descansan figuras de la historia paulista.
Fotografiar el monumento del Marco Zero en la plaza frente al pórtico principal del templo.
El contraste con la plaza que la rodea
La Praça da Sé es un escenario muy vivo. Frente a la catedral se mezclan vendedores ambulantes, oradores callejeros, oficinistas que atraviesan la plaza y visitantes que se detienen a mirar la fachada.
Ese contraste entre el silencio del interior del templo y el bullicio exterior resume bien el carácter de São Paulo, una ciudad que mezcla lo solemne y lo cotidiano con total naturalidad.
Mirar la catedral desde la plaza permite apreciar sus torres y su cúpula, que destacan entre los edificios modernos del centro. Observa también la forma en que la piedra se ennegrece con el paso del tiempo y de la contaminación, una huella más de la vida urbana.
Entrar con calma
Dentro, el ambiente cambia por completo. La luz que atraviesa las vidrieras, la altura de las naves y el eco de los pasos transmiten recogimiento. Tómate unos minutos para sentarte, observar y escuchar.
Ten en cuenta que se trata de un lugar de culto activo y respeta los momentos de celebración. Mantén tus pertenencias controladas en la plaza, como harías en cualquier zona céntrica y concurrida de una gran ciudad.





