Santa Bárbara de Samaná, malecón e iglesia de colonos afroamericanos
Santa Bárbara de Samaná es la ciudad principal de la península, con un malecón frente a la bahía, una iglesia de madera de origen protestante que recuerda la llegada de colonos afroamericanos en el siglo XIX, y el punto de partida habitual de las excursiones de avistamiento de ballenas.
Por Natalia
- Rol
- Ciudad principal y capital de la provincia de Samaná
- Hito histórico
- Llegada de colonos afroamericanos libres en el siglo XIX
- Edificio destacado
- Iglesia protestante de madera, herencia de esos colonos
- Función turística
- Punto de partida de las excursiones de avistamiento de ballenas

Historia y consejos de visita
Santa Bárbara de Samaná, la ciudad principal de la península, conserva la huella de un episodio poco conocido de la historia dominicana: a partir de 1824, cientos de personas afroamericanas libres emigraron desde Estados Unidos para establecerse en la zona, invitadas por el gobierno haitiano de la época, y su legado cultural y religioso todavía se percibe en algunos edificios y apellidos locales.
Uno de los símbolos de esa herencia es una iglesia protestante de madera en el centro del pueblo, construida por esa comunidad, que contrasta con la arquitectura católica predominante en el resto del país.
Hoy Santa Bárbara de Samaná es también el punto de partida habitual de las embarcaciones que salen a la Bahía de Samaná en busca de ballenas jorobadas durante la temporada de invierno.
Herencia afroamericana de la Churcha y los puentes peatonales de la bahía
Santa Bárbara de Samaná, fundada a mediados del siglo XVIII por familias canarias, posee una identidad cultural singular moldeada por sucesivas corrientes migratorias.
Desde 1824, la península acogió a afroamericanos libres procedentes de Estados Unidos, quienes trajeron consigo sus costumbres, su dialecto de inglés criollo y su fe metodista.
El testimonio más valioso de esta herencia es la iglesia evangélica metodista de San Pedro, popularmente conocida como La Churcha.
Este pintoresco templo neogótico de madera fue prefabricado en Inglaterra, enviado por piezas numeradas en barcos veleros a través del Atlántico y ensamblado meticulosamente por la comunidad protestante local en el corazón del pueblo, resistiendo con solidez incendios y tormentas tropicales.
Uno de los elementos urbanos más representativos de la localidad son los célebres Puentes de Samaná, una elegante pasarela peatonal de hormigón que se adentra sobre las aguas de la bahía conectando la orilla urbana con el cayo Linares y el cayo Vigía.
Caminar por esta estructura al atardecer regala vistas panorámicas de la flota de pescadores artesanales, el movimiento de barcos hacia Cayo Levantado y las colinas cubiertas de palmeras que rodean la rada marítima.
En las inmediaciones de los muelles se respira una vibrante vida cotidiana donde los pescadores limpian sus capturas del día sobre tablas de madera y los puestos callejeros ofrecen panes tradicionales horneados con leche de coco, dulce de leche cortada y jengibre fresco.
Este intercambio gastronómico y social refleja la convivencia armónica entre las raíces taínas, hispanas, africanas y norteamericanas que componen el tejido sociocultural de la comarca.
Frente al paseo marítimo del Malecón se ubican el Museo de las Ballenas, dedicado a la investigación de los cetáceos que visitan la bahía cada invierno, y las hileras de casitas de madera de dos niveles pintadas en tonos pastel vivos que recuerdan la arquitectura caribeña tradicional.
Recorrer la pasarela peatonal de los puentes sobre el agua hasta los cayos Linares y Vigía.
Conocer la arquitectura histórica de madera prefabricada inglesa de la iglesia de La Churcha.
Visitar el Museo de las Ballenas para aprender sobre las rutas migratorias de los rorcuales jorobados.
Pasear por el Malecón al atardecer para observar el movimiento marítimo y probar dulces de coco locales.
El malecón y la bahía como escenario cotidiano
El malecón de Santa Bárbara de Samaná es el principal lugar de encuentro de la ciudad. Junto al agua, se mezclan vecinos que pasean, familias que se sientan a ver la bahía y visitantes que esperan para embarcar.
Desde allí se contemplan los islotes cercanos y la entrada de la bahía, que forma uno de los paisajes más característicos de la península, con la vegetación tropical cayendo hasta la orilla.
Recorrerlo a media tarde, cuando el calor afloja, permite observar el movimiento de las embarcaciones y los pequeños negocios que se asoman a la calle.
Es un paseo corto y llano, apropiado para cualquier edad, que sirve como introducción a la ciudad antes de adentrarse por sus calles comerciales o de buscar un sitio donde probar pescado y marisco de la zona.
Una ciudad que mira al mar
Samaná ha estado siempre ligada a su bahía. La posición protegida de este entrante marino la convirtió en un punto de interés estratégico en distintas épocas, y esa relación con el agua sigue presente en sus oficios, en su cocina y en su manera de organizarse.
Entender la ciudad pasa por mirar hacia el mar y no solo hacia las calles.
Si dispones de tiempo, combina el paseo urbano con una salida en barco por la bahía, que ofrece otra perspectiva de la costa y de las colinas cubiertas de palmeras.
Después, volver al pueblo al atardecer y sentarte frente al agua con una bebida refrescante es una forma tranquila de cerrar el día.
Para completar la visita, pregunta a los vecinos por la historia de sus barrios: muchos conservan relatos familiares sobre la llegada de distintas comunidades, y escucharlos ayuda a entender por qué esta ciudad tiene un carácter tan particular dentro del país.
Sigue explorando Samaná, o descubre también Las Galeras: El Pueblo de Pescadores al Final de la Península. Más contexto sobre el país en nuestra Guía de República Dominicana.





