Mogotes de selva, manglares y cuevas taínas en Los Haitises

El Parque Nacional Los Haitises, en la bahía de Samaná, protege un paisaje kárstico único de colinas cónicas cubiertas de selva, manglares y cuevas con pictografías taínas, que se recorre en excursiones en barco por sus canales de agua.

Por

Tipo de paisaje
Kárstico, con colinas cónicas cubiertas de selva
Ecosistema
Manglares y canales de agua conectados con la Bahía de Samaná
Patrimonio arqueológico
Cuevas con pictografías de la cultura taína
Forma de visita
Excursión guiada en barco por los canales del parque
Río Caño Hondo, en el Parque Nacional Los Haitises, cerca de la Bahía de Samaná.
Starus (CC BY-SA 3.0)

Historia y consejos de visita

Los Haitises —«tierra de montañas» en lengua taína— es un paisaje kárstico único dentro de la Bahía de Samaná: cientos de colinas cónicas cubiertas de selva que emergen directamente de manglares y canales de agua salada, formando un laberinto natural que sólo se puede recorrer en barco.

Dentro del parque, varias cuevas conservan pictografías realizadas por los taínos, los habitantes originales de la isla antes de la llegada europea, junto con formaciones de estalactitas y estalagmitas.

Las excursiones guiadas combinan la navegación por los canales de manglar con paradas en algunas de estas cuevas, en uno de los recorridos de naturaleza más singulares de todo el país.

Mogotes kársticos, laberintos de manglar rojo y pictografías precolombinas

El Parque Nacional Los Haitises (nombre derivado del vocablo taíno haiti, que significa tierra alta o montañosa) es uno de los monumentos geológicos y ecológicos más imponentes de todo el Caribe.

Esta vasta reserva natural de más de seiscientos kilómetros cuadrados, situada en el litoral sur de la Bahía de Samaná, está dominada por un prodigioso relieve cárstico de mogotes: centenares de colinas cónicas de roca caliza de hasta cuarenta metros de altura, tapizadas por una exuberante selva tropical húmeda que se eleva directamente sobre las aguas marinas.

La exploración del parque se realiza obligatoriamente en embarcaciones que se adentran por los serpenteantes canales fluviales del bosque de manglar rojo (Rhizophora mangle) más extensos de las Antillas.

Las raíces aéreas zancudas de los manglares se entrelazan formando túneles vegetales impenetrables que actúan como criaderos indispensables para cientos de especies de peces y mariscos, además de servir de dormidero a bandadas de pelícanos pardos, garzas reales y fragatas que sobrevuelan el célebre Cayo de los Pájaros.

En las entrañas de los mogotes calizos se abre un complejo entramado de cavernas esculpidas por la disolución hídrica a lo largo de millones de años.

En cuevas sagradas como la Cueva de la Línea y la monumental Cueva de San Gabriel, se conservan con gran nitidez centenares de pictografías trazadas en carbón vegetal y petroglifos esculpidos en la roca por los aborígenes taínos, representando chamanes, figuras zoomorfas y deidades del panteón precolombino.

La densa humedad y la atmósfera mística de estas galerías subterráneas transportan a los visitantes al corazón de la memoria indígena originaria de Quisqueya.

  • Navegar en lancha por los canales de manglares admirando los mogotes kársticos que emergen del agua.

  • Recorrer con linterna las galerías de la Cueva de la Línea para contemplar el arte rupestre taíno.

  • Observar las colonias reproductoras de aves marinas en las ramas del Cayo de los Pájaros en la bahía.

  • Llevar calzado con suela antideslizante y chubasquero ligero ante las frecuentes lloviznas del bosque húmedo.

Cómo se forman los mogotes

Las colinas redondeadas que dan fama a Los Haitises son el resultado de un proceso geológico muy lento. El terreno está formado por roca caliza, un material que el agua de lluvia, ligeramente ácida, va disolviendo durante miles de años.

Donde la roca resistió mejor quedaron esas elevaciones en forma de cono o de torre, llamadas mogotes, mientras que las zonas más débiles se hundieron o se llenaron de agua.

A este tipo de paisaje se lo denomina kárstico, y es el responsable también de las cuevas y de los canales que atraviesan el parque.

Contemplar los mogotes desde un barco, con la selva trepando por sus laderas y la bruma enganchada en la cima, es una forma intuitiva de comprender ese proceso.

Cada colina parece una pequeña isla, y la repetición de formas crea un paisaje muy característico que no se encuentra en muchos lugares del Caribe. Si te interesa la geología, pide al guía que te explique cómo se relacionan los mogotes, las cuevas y los manglares.

Fauna que puedes encontrar

El parque es un refugio importante para las aves. Desde la lancha verás pelícanos, fragatas, garzas y otras especies que descansan en los manglares y en los pequeños islotes de la bahía.

Entre las aves del interior del bosque destaca un gavilán propio de La Española, una especie escasa que depende de la conservación de estos hábitats.

También viven aquí mamíferos pequeños y reptiles de la isla, que suelen ser difíciles de ver pero cuya presencia da idea de la riqueza del ecosistema.

Para observar la fauna, ayuda guardar silencio, evitar movimientos bruscos y llevar unos prismáticos.

El mejor momento suele ser el principio del día, cuando la actividad de las aves es mayor y el calor aún no ha apagado el bullicio del bosque, aunque la experiencia varía según la época del año y el estado de la marea.

Un lugar arqueológico que merece respeto

Las cuevas del parque conservan pictografías y petroglifos realizados por los taínos, y por eso son sitios arqueológicos además de atractivos naturales. No toques las paredes, no dibujes ni grabes nada, no uses flash cuando se indique que no está permitido y sigue siempre al guía.

La humedad, los murciélagos y el paso de los visitantes ya suponen una presión notable para unas imágenes que han sobrevivido siglos, y la mejor manera de agradecerlo es dejarlas tal como las encontraste.

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