Ballenas jorobadas llegan cada invierno a parir en la Bahía de Samaná

Entre enero y marzo, miles de ballenas jorobadas migran desde el Atlántico Norte hasta la Bahía de Samaná para aparearse y parir, convirtiéndola en uno de los mejores lugares del mundo para observarlas desde embarcaciones autorizadas dentro del Santuario de Mamíferos Marinos.

Por

Temporada
Enero a marzo, con pico en febrero
Especie
Ballena jorobada (Megaptera novaeangliae)
Protección
Santuario de Mamíferos Marinos de la República Dominicana
Comportamiento observable
Saltos, cortejo y crías recién nacidas junto a sus madres
Ballena jorobada saltando en la Bahía de Samaná.
Lachu (CC BY 2.5)

Historia y consejos de visita

Cada año, entre enero y marzo, miles de ballenas jorobadas recorren miles de kilómetros desde sus zonas de alimentación en el Atlántico Norte hasta las cálidas y protegidas aguas de la Bahía de Samaná, donde se aparean y las hembras dan a luz a sus crías, en uno de los eventos de migración de mamíferos marinos más estudiados del mundo.

Las excursiones de avistamiento, reguladas dentro del Santuario de Mamíferos Marinos de la República Dominicana, permiten observar comportamientos como saltos completos fuera del agua, aletazos de cola y el cortejo entre machos y hembras, siempre manteniendo distancias de seguridad establecidas para no alterar a los animales. Febrero suele ser el mes con mayor concentración de ballenas en la bahía.

El santuario marino del Atlántico Norte y el cortejo de los cetáceos

Cada invierno, entre mediados del mes de enero y finales de marzo, la Bahía de Samaná y el Banco de la Plata en la República Dominicana se transforman en uno de los santuarios de apareamiento y alumbramiento de ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) más importantes del Atlántico Norte.

Tras emprender una titánica travesía migratoria de miles de kilómetros desde las gélidas aguas polares de Groenlandia, Islandia, Terranova y el golfo de Maine, más de dos mil cetáceos acuden puntualmente a las aguas someras, cálidas y resguardadas de la bahía caribeña.

Los machos adultos, que alcanzan los dieciséis metros de longitud y decenas de toneladas de peso, protagonizan un llamativo ritual de cortejo nupcial.

Para impresionar a las hembras fértiles, se impulsan verticalmente sobre la superficie del agua en saltos acrobáticos colosales que rompen la superficie marina con un estruendo ensordecedor, golpeando el agua con sus largas aletas pectorales blancas de hasta cinco metros y emitiendo elaborados cantos submarinos de tonos graves audibles a decenas de kilómetros de distancia.

En las aguas más calmas y protegidas cercanas a la costa de Samaná, las madres primerizas cuidan a sus ballenatos recién nacidos, que miden más de cuatro metros al nacer y consumen cientos de litros de leche grasa al día.

Es un espectáculo conmovedor observar a las hembras levantando suavemente a sus crías hacia la superficie con la aleta para asistirlas en sus primeras respiraciones de aire fresco.

El avistamiento está estrictamente regulado por el Ministerio de Medio Ambiente y la Armada dominicana, asegurando que las embarcaciones mantengan motores al ralentí, guarden distancias de seguridad prudentes y limiten el tiempo de observación para no alterar el bienestar de los animales.

  • Contratar excursiones marítimas exclusivamente con embarcaciones autorizadas portadoras de la bandera oficial del santuario.

  • Llevar cámara provista de teleobjetivo con velocidad de disparo rápida y funda para protegerla de la brisa marina.

  • Tomar precauciones contra el mareo con antelación si se es propenso a las oscilaciones del oleaje en mar abierto.

  • Visitar el Museo de las Ballenas en Santa Bárbara de Samaná para conocer la biología y conservación del rorcual jorobado.

El canto de los machos

Una de las características más sorprendentes de las ballenas jorobadas es el canto de los machos. Se trata de secuencias largas y estructuradas de sonidos graves y agudos que se repiten durante horas y que, según los investigadores, cumplen una función relacionada con el cortejo y la comunicación.

Los cantos de una población se parecen entre sí y van cambiando con los años, como si fueran variantes de una melodía compartida.

Aunque desde el barco es poco probable que los oigas sin un micrófono especial, saber que bajo la superficie se desarrolla ese concierto añade sentido a lo que ves.

Algunos operadores cuentan con hidrófonos que permiten escuchar fragmentos del canto, y es una experiencia muy recomendable si tienes la oportunidad. Pregunta antes de embarcar si disponen de este equipo y cómo explican el comportamiento sonoro de los animales.

Un viaje de miles de kilómetros en ayunas

Las jorobadas pasan el verano en aguas frías y productivas, donde se alimentan de pequeños peces y crustáceos, y en invierno recorren enormes distancias hacia zonas cálidas y protegidas para reproducirse.

Durante buena parte de su estancia en esas aguas tropicales comen muy poco, de manera que viven de las reservas de grasa acumuladas.

Eso explica la importancia de que las embarcaciones no las molesten: cada esfuerzo extra les cuesta energía que necesitarán para criar a los ballenatos y emprender el viaje de regreso.

La cola como documento de identidad

Cuando una jorobada se sumerge, a menudo levanta la cola fuera del agua. Los dibujos y las marcas de la cara inferior de esa cola son únicos en cada individuo, y los científicos los fotografían para identificar a los animales y seguir sus desplazamientos a lo largo de los años.

Si llevas cámara, intenta captar ese gesto: además de ser una imagen bellísima, puede servir para programas de ciencia ciudadana que recopilan fotografías de los avistamientos.

Cómo ser un observador responsable

Elige una embarcación que respete las normas del santuario, mantenga la distancia y la velocidad adecuadas y no persiga a los animales. Sigue las indicaciones de la tripulación, no arrojes objetos al agua y mantén el silencio durante los momentos de mayor cercanía.

Recuerda que eres un invitado en un espacio fundamental para la reproducción de la especie, y que la mejor observación no es la más cercana, sino la que no altera el comportamiento de las ballenas.

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