Subir las escaleras hasta el mirador Alto de la Cruz en Salento

El Mirador Alto de la Cruz y el Ecoparque El Mirador son dos de los puntos panorámicos más conocidos de Salento. Situados en la colina oriental del pueblo tras ascender más de doscientos peldaños, ofrecen vistas de 360 grados sobre los tejados de barro coloniales y las verdes montañas del Valle de Cocora.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Escaleras y mirador panorámico sobre los tejados de barro de Salento y el valle del río Quindío
Dau10, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

El balcón panorámico sobre el paisaje cafetero

Elevándose sobre el caserío tradicional de Salento, el cerro del Alto de la Cruz es un buen mirador para comprender la topografía quebrada y la exuberancia vegetal del Eje Cafetero.

El ecoparque y la puesta de sol andina

Hacia el occidente, la vista abarca la cuadrícula perfecta de casas encaladas con tejados de barro rojo y la torre de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen en la Plaza de Bolívar.

Caminando por las pasarelas de madera del vecino Ecoparque El Mirador hacia el oriente, se contempla la garganta profunda del cañón del río Quindío y las estribaciones montañosas que conducen al Parque Los Nevados, acompañadas por quioscos de postres y canelazos calientes con aguardiente.

Atardecer dorado: Sube al caer la tarde para presenciar cómo los últimos rayos dorados del sol iluminan las nubes que ascienden desde el valle.

Panorámica de los cañones andinos y senderos del Ecoparque Mirador

El Mirador Alto de la Cruz es uno de los miradores más conocidos de Salento, coronando la colina nororiental que custodia el casco urbano a casi dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar.

Desde su amplia terraza escalonada, coronada por una monumental cruz blanca de madera y piedra, se domina una panorámica de trescientos sesenta grados: hacia el occidente, la trama cuadriculada de tejados de barro cocido y patios coloniales del pueblo; hacia el oriente, el profundo y serpenteante cañón del río Quindío perdiéndose en los valles de niebla que ascienden hacia la cordillera Central.

Junto al mirador se extiende el Ecoparque Mirador, un espacio público ajardinado dotado de pasarelas de madera noble, plataformas de avistamiento y senderos peatonales que serpentean entre arboledas de yarumos blancos, arrayanes nativos y helechos arborescentes.

Este sotobosque andino es un buen lugar para observadores de aves y caminantes, donde es posible ver al barranquero andino (Momotus aequatorialis) con su cola en forma de raqueta pendular, tángaras azulejas y diminutos colibríes libando flores de heliconia.

Al caer la tarde, el mirador congrega a locales y viajeros que acuden a presenciar la puesta de sol sobre las montañas del Quindío, cuando el cielo se tiñe de tonalidades anaranjadas y las farolas de las calles empedradas de Salento comienzan a encenderse en la penumbra.

En las inmediaciones de la cima funcionan pequeños puestos artesanales donde degustar delicias campesinas como arequipes con café, brevas caladas con queso fresco o una taza humeante de agua de panela con canela.

  • Ascender por las escalinatas de la Calle Real o tomar la carretera pavimentada lateral si se prefiere una subida suave.

  • Acudir a última hora de la tarde para presenciar la puesta de sol sobre el cañón del río Quindío y el pueblo.

  • Llevar abrigo ligero o cortavientos para resguardarse de las brisas frescas de montaña en la cima de la colina.

  • Recorrer las pasarelas del Ecoparque contiguo para observar aves silvestres entre los yarumos y helechos.

Salento, el pueblo más antiguo del Quindío

Antes de subir al mirador, conviene saber dónde estás. Salento es considerado el primer pueblo fundado en el actual departamento del Quindío, y su aspecto conserva buena parte del carácter de la época de la colonización.

Las casas de colores, los balcones de madera y las puertas de formas variadas trazan una calle principal que invita a pasear y a detenerse en cada escaparate.

Desde el mirador se entiende esa disposición: el pueblo se extiende sobre una loma, con calles que descienden hacia el valle y una iglesia que sirve de punto de referencia. La mirada abarca tejados, huertos, caminos y, al fondo, la cordillera.

Calle Real, trucha y artesanías

Antes o después de la subida, recorre la Calle Real, el eje comercial de Salento. Allí se concentran tiendas de artesanías, cafeterías y restaurantes.

Entre los platos más típicos de la zona está la trucha, que se sirve frita o a la plancha con patacones, esas rodajas de plátano verde fritas y aplastadas. Pregunta cómo la preparan y acompáñala con un jugo natural o un café de la región.

Las artesanías locales incluyen tejidos, cerámicas y objetos de guadua. Comprar directamente a los artesanos ayuda a mantener esas tradiciones.

Mirar con paciencia

El paisaje del mirador cambia con el tiempo. Las nubes suben desde el cañón, la luz pasa del dorado al azul y la silueta de la cordillera se recorta de formas distintas. Si el día está despejado, tal vez distingas a lo lejos cumbres de la cordillera Central.

Dedica un buen rato a mirar y a sentir la brisa de montaña.