Pan de oro de 23 quilates cubre la Iglesia de la Compañía de Quito

La Iglesia de la Compañía de Jesús en Quito es la máxima joya del barroco iberoamericano. Su interior está completamente revestido con láminas de pan de oro de 23 quilates en bóvedas y retablos, custodiando las reliquias de Santa Mariana de Jesús.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La Iglesia de la Compañía de Jesús es el templo colonial más deslumbrante de Quito y un hito artístico de Ecuador. Su construcción se prolongó durante 160 años bajo la dirección jesuita, combinando cantería de piedra andesita exterior con interiores dorados.

Main altar of the Church of the Society of Jesus (La Iglesia de la Compañía de Jesús), a Jesuit church in Quito, Ecuador en quito
Diego Delso, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

El esplendor del pan de oro y la escuela Quiteña

Finas láminas de pan de oro recubren buena parte de los retablos salomónicos, púlpitos tallados y arcos torales del templo. Los cuadros monumentales de 'El Juicio Final' y 'El Infierno' del maestro Hernando de la Cruz adornan los laterales de la nave central con dramatismo expresivo.

Desde varios puntos cercanos del centro histórico se obtiene una perspectiva de los tejados coloniales del casco antiguo y el cono del volcán Pichincha, tal como se detalla en la guía de atracciones de Quito.

Consejos prácticos de visita

Está prohibido tomar fotografías con flash en el interior para preservar el dorado original. Se recomienda contratar el servicio de audioguía o unirse a los guías bilingües autorizados en la entrada para comprender la iconografía sincretista indígena.

La fachada de piedra volcánica andesita y la tumba de Santa Mariana de Jesús

La iglesia de la Compañía de Jesús, cuya edificación se prolongó a lo largo de ciento sesenta años entre 1605 y 1765, es considerada una de las obras cumbre del barroco en América.

Su imponente fachada exterior, tallada en bloques de piedra andesita, asombra por sus columnas salomónicas helicoidales inspiradas en las de San Pedro de Roma y su profusión de hornacinas con esculturas de santos jesuitas.

Al cruzar el pórtico, la penumbra inicial da paso a un intenso resplandor dorado: cada centímetro cuadrado de sus naves, bóvedas de cañón corrido y retablos churriguerescos está revestido por finas láminas de pan de oro de veintitrés quilates batido a mano por maestros indígenas y mestizos, en una decoración interior de gran riqueza.

Al pie del altar mayor reposa una urna de bronce con los restos mortales de Santa Mariana de Jesús, la 'Azucena de Quito', primera santa ecuatoriana beatificada por haber ofrecido su vida por el cese de los terremotos y epidemias que asolaron la ciudad en el siglo XVII.

En los muros del sotocoro cuelgan además monumentales lienzos al óleo que representan el Infierno y el Juicio Final, atribuidos al pintor colonial Hernando de la Cruz.

En la iglesia se conserva una fabulosa colección de pinturas coloniales de los profetas bíblicos atribuidas a Nicolás Javier de Goríbar, alumno aventajado de Miguel de Santiago, conocidas como Los Dieciséis Profetas.

La atmósfera de recogimiento espiritual, acentuada por la luz dorada y cálida que penetra a través de los ventanales de la cúpula central, convierte la visita en una experiencia estética muy serena en pleno corazón de la capital ecuatoriana.

  • Admirar la fachada barroca de piedra volcánica andesita con sus columnas salomónicas labradas.

  • Maravillarse ante el resplandor de las bóvedas revestidas en pan de oro de veintitrés quilates.

  • Visitar el altar mayor donde se custodia la urna funeraria de Santa Mariana de Jesús.

  • Observar los óleos coloniales de gran formato sobre el Juicio Final y las profecías del Antiguo Testamento.

Los jesuitas en Quito

La iglesia no se entiende sin la orden que la promovió. Los jesuitas llegaron a Quito a finales del siglo XVI y desarrollaron una intensa labor religiosa y educativa, con colegios y una universidad que formaron a muchas generaciones.

Su templo, en pleno centro de la ciudad, debía reflejar el prestigio de la orden y su sentido de lo espectacular, algo que se percibe en la profusión de su decoración.

En 1767 los jesuitas fueron expulsados de los territorios de la monarquía española, y sus bienes pasaron a otras manos. La iglesia, sin embargo, siguió siendo un lugar de culto y hoy es uno de los símbolos de Quito.

Quito, ciudad patrimonio

El centro histórico de Quito fue uno de los primeros del mundo en recibir la declaración de Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO, en 1978. Esa distinción reconoce la riqueza de sus plazas, conventos e iglesias, y la Compañía es una de sus piezas más admiradas.

Visitarla permite comprender por qué el arte colonial de la ciudad tiene tanta fama.

Mirar el oro con calma

Más allá de la cantidad de oro, lo que impresiona es la mezcla de elementos.

En la decoración se aprecian motivos vegetales y figuras que, según los estudiosos, reflejan el mundo natural y cultural de la región, fruto del trabajo de artesanos locales que pusieron su sello en el estilo barroco. Es una combinación de tradición europea y manos andinas.

Entra despacio, deja que los ojos se acostumbren a la penumbra y recorre la nave central antes de detenerte en los detalles. Recuerda que Quito se encuentra a gran altitud: camina con calma, bebe agua y no te apresures.

Para saber más