Desde El Panecillo, la Virgen alada mira todo el Quito colonial

El Panecillo es una colina volcánica a 3.016 metros de altitud coronada por la monumental estatua de la Virgen de Quito. Con 41 metros y ensamblada en aluminio, es la virgen alada más alta del planeta y el mejor mirador 360° del casco colonial.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La colina de El Panecillo se alza como un balcón natural sobre el centro colonial de Quito en Ecuador. En tiempos prehispánicos funcionó como observatorio astronómico y templo solar quitu-inca denominado Shungoloma.

Ecuador, Quito, El Panecillo: entrance of the monument of the Virgen de Quito (Virgin Mary of Quito). en ecuador
Cayambe, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

La escultura de aluminio y panorámica 360°

Diseñada por Agustín de la Herrán Matorras e inaugurada en 1975, la Virgen Alada de Quito aplasta al dragón bíblico coronada por doce estrellas.

El ascenso al interior del pedestal de hormigón permite admirar un museo histórico y salir a la terraza mirador superior con vista despejada hacia los volcanes Cotopaxi y Cayambe.

Al atardecer, el mirador es perfecto para observar cómo se iluminan los campanarios barrocos y conventos descritos en la guía de Quito mientras el cielo andino se tiñe de violeta.

Consejo vital de seguridad

No intentes subir o bajar a pie por las escalinatas empinadas que parten del barrio San Roque debido a incidentes de inseguridad. Utiliza siempre taxis formales o aplicaciones de transporte que esperen tu regreso.

El antiguo templo del sol Yavirac y el mirador de la cúpula

Antes de la llegada de los colonizadores españoles, la colina cónica de origen volcánico que hoy conocemos como El Panecillo era denominada Shungoloma ('colina del corazón') o Yavirac por los pueblos quitus e incas.

En su cumbre se erigía un templo sagrado consagrado al culto del Sol (Inti), donde los sacerdotes andinos celebraban ceremonias al amanecer y vigilaban las rutas de acceso militar al valle interandino.

En 1975 se inauguró sobre la cumbre la monumental estatua de la Virgen de Quito, obra del escultor español Agustín de la Herrán Matorras, quien reprodujo a escala gigantesca (cuarenta y un metros de altura incluyendo la base) la famosa escultura barroca de Bernardo de Legarda.

La efigie está compuesta por siete mil cuatrocientas piezas numeradas de aluminio anodizado ensambladas sobre un armazón de acero, constituyendo la escultura de aluminio más alta del mundo.

El pedestal de hormigón alberga un museo explicativo que relata la historia de la colina y permite ascender por escaleras interiores hasta un mirador circular situado a los pies de la Virgen, justo encima del globo terráqueo y la serpiente alada.

Desde esta atalaya privilegiada se disfruta de una perspectiva amplia de los valles del norte y sur de Quito y, en días despejados, de los conos nevados del Cotopaxi y el Antisana.

En los alrededores de la explanada funcionan quioscos de artesanías andinas y cafeterías donde tomar una taza de café de altura acompañado por empanadas de morocho calientes.

  • Ascender al mirador de la base de la estatua de aluminio para disfrutar de vistas panorámicas de Quito.

  • Contemplar los detalles escultóricos de las alas plateadas y la cadena que sujeta a la serpiente bíblica.

  • Apreciar la silueta de los volcanes Cotopaxi y Cayambe sobre la cordillera en mañanas soleadas.

  • Utilizar taxi para subir y bajar de la colina, evitando realizar el trayecto a pie por las escalinatas periféricas.

De la talla barroca de Legarda al monumento de aluminio

La figura que corona la colina se inspira en una talla barroca del siglo XVIII realizada por el escultor quiteño Bernardo de Legarda, que representa a la Virgen apocalíptica con alas y con un dragón encadenado a sus pies.

La versión monumental, obra del artista español Agustín de la Herrán Matorras, se instaló en la década de 1970 con piezas de aluminio ensambladas, y mira hacia el norte de la ciudad, con la serpiente bajo sus pies.

El nombre de la colina, el Panecillo, hace referencia a su forma redondeada, similar a un pan pequeño, mientras que su denominación original, Yavirac, remite a la época prehispánica.

Quito se levanta a casi tres mil metros de altitud, y desde la cima del cerro se obtiene una perspectiva privilegiada: abajo, el entramado colonial, la plaza grande y las torres de las iglesias; al fondo, volcanes que, cuando las nubes lo permiten, dibujan siluetas nevadas.

Un detalle práctico: lleva ropa de abrigo, ya que el viento sopla con fuerza en la cima, y asegúrate de planificar tu visita con luz de día.

La luz de la mañana suele dar mejor visibilidad sobre los volcanes y la ciudad, mientras que al atardecer la luz dorada realza el aluminio de la escultura.

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