De noche, La Ronda sirve canelazo y música en vivo en el Quito colonial
La calle de La Ronda (Juan de Dios Morales) es la arteria colonial más bohemia y pintoresca de Quito. Famosa por sus casonas del siglo XVIII, talleres de artesanos tradicionales, música en vivo, empanadas gigantes de viento y canelazo caliente.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026
La Calle de La Ronda es el callejón colonial más legendario y romántico de Quito, corazón patrimonial de Ecuador. Con el tiempo fue refugio de músicos, pintores y poetas que compusieron los pasillos más célebres de la música nacional.

Talleres de oficios tradicionales y gastronomía nocturna
En las plantas bajas de sus casas con balcones de madera operan talleres demostrativos de hojalatería fina, orfebrería, juguetes de madera tradicionales, chocolatería artesanal y sombreros de paja toquilla.
Al caer la tarde, los patios interiores cobran vida con peñas de música andina donde degustar la empanada de viento crujiente rellena de queso y el reconfortante canelazo de canela, naranjilla y licor de caña, tal como sugiere la guía de Quito.
Horario ideal y seguridad
El mejor ambiente se vive por las noches y los fines de semana; infórmate antes de ir sobre la situación de seguridad de la zona.
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Historia de la antigua quebrada y los juegos tradicionales
La fisonomía serpenteante y recogida de la calle de La Ronda obedece a su emplazamiento original al borde de una antigua quebrada, un profundo tajo natural que abastecía de agua cristalina a los pobladores prehispánicos y coloniales.
Con el paso del tiempo, la quebrada fue rellenada para consolidar el trazado urbano, convirtiendo a este callejón empedrado en el refugio bohemio predilecto de músicos, poetas románticos, orfebres y carpinteros de la capital.
Hoy en día, las casonas coloniales con balcones adornados con flores albergan espacios dedicados al rescate de juegos tradicionales de la infancia quiteña.
En sus zaguanes empedrados, los viajeros pueden aprender a bailar el trompo de madera con piola, competir en el juego del sapo lanzando fichas metálicas de bronce a la boca del anfibio, o probar destreza sobre zancos de madera artesanal.
Asimismo, la calle acoge talleres de maestros artesanos donde se funden joyas en filigrana de plata, se elaboran dulces tradicionales como las colaciones y la espumilla batida a mano, y se diseñan chocolates finos de aroma que combinan cacao orgánico ecuatoriano con maracuyá, uvilla o sal marina de montaña.
Al caer la noche, las farolas de estilo colonial iluminan el adoquinado mientras en las puertas de las peñas se ofrece el humeante canelazo de naranjilla con canela y puntas, creando una atmósfera entrañable de convivencia comunitaria amenizada por serenatas de guitarra acústica y pasillos tradicionales ecuatorianos interpretados en vivo.
Visitar los talleres de oficios tradicionales para observar el trabajo de hojalateros y orfebres.
Aprender a bailar el trompo de madera y participar en el tradicional juego del sapo en los zaguanes.
Degustar empanadas de viento gigantes acompañadas de una taza de canelazo caliente al anochecer.
Comprar chocolate artesanal de cacao fino de aroma y dulces típicos en las tiendas patrimoniales.
La Ronda, los poetas y la música del pasillo
Durante buena parte del siglo XX la calle fue lugar de encuentro de músicos, poetas y artistas que cantaban serenatas y compartían versos en sus tabernas. Su banda sonora preferida era el pasillo, un género de ritmo lento y letras melancólicas considerado una de las músicas representativas de Ecuador.
Aún hoy, al caer la tarde, no es raro oír guitarras y voces en alguna de las casas que abren sus puertas a los visitantes.
La calle fue rehabilitada a comienzos del siglo XXI como parte del programa de recuperación del Centro Histórico, y desde entonces sus casas de dos plantas, con balcones de madera y portones, se han llenado de talleres, galerías y restaurantes.
Fíjate en las placas y los rótulos de los edificios: muchos recuerdan a personajes que vivieron o pasaron por allí y ayudan a reconstruir la historia del barrio.
Para acompañar el paseo se ofrece una gastronomía sencilla y reconfortante. El canelazo, bebida caliente con canela, azúcar y aguardiente, es el compañero habitual de las noches frescas, y las empanadas de viento, fritas y espolvoreadas con azúcar, son una opción tradicional.
También puedes probar helados de paila, elaborados en recipientes de cobre, y chocolate caliente. Pregunta siempre por los ingredientes si tienes alguna alergia.





