Doce lagunas de agua dulce en la selva de Ojos Indígenas
El Parque Ecológico Ojos Indígenas, dentro de la reserva de Puntacana, protege una docena de lagunas de agua dulce cristalina rodeadas de selva, conectadas por senderos donde está permitido nadar en algunas de ellas.
Por Natalia
- Número de lagunas
- Una docena de lagunas de agua dulce
- Ecosistema
- Selva subtropical dentro de la reserva de Puntacana
- Actividad
- Senderismo y nado en las lagunas habilitadas
- Nombre
- Homenaje a los antiguos habitantes taínos de la zona
Historia y consejos de visita
El Parque Ecológico Ojos Indígenas, dentro de la reserva natural de Puntacana, protege una docena de lagunas de agua dulce cristalina, alimentadas por manantiales subterráneos, escondidas entre un tramo de selva subtropical que sobrevivió al desarrollo hotelero de la zona.
Senderos señalizados conectan las distintas lagunas, cada una con su propia personalidad, y en algunas de ellas está permitido nadar bajo las condiciones que establece el propio parque.
El nombre del lugar rinde homenaje a los antiguos habitantes taínos de la región, antes de la llegada europea.
Biodiversidad de bosque subtropical y senderos botánicos
La Reserva Ecológica Ojos Indígenas protege un valioso relicto de más de seiscientas hectáreas de bosque tropical costero dentro del área protegida de Puntacana Resort & Club.
El nombre del espacio alude a doce manantiales de agua dulce cristalina formados por ríos subterráneos que brotan hacia la superficie, creando lagunas circulares conocidas como ojos de agua por su forma y su pureza.
Una cuidada red de senderos peatonales señalizados permite caminar en silencio entre árboles monumentales de caoba, ceibas corpulentas y tupidos manglares que sirven de refugio a numerosas especies de aves.
En las aguas calmas de los manantiales es fácil divisar tortugas hicoteas y peces autóctonos nadando entre raíces sumergidas.
De las doce lagunas inventariadas, algunas están habilitadas para que los visitantes puedan sumergirse y disfrutar de un baño reconfortante en aguas dulces y transparentes a la sombra de la bóveda vegetal.
El acceso regulado y las normas estrictas de bajo impacto ambiental aseguran que este remanso de paz conserve intacto su equilibrio ecológico frente al desarrollo hotelero colindante.
Caminar por estas sendas en las primeras horas de la mañana permite deleitarse con la sinfonía de cantos de aves silvestres y el aroma a tierra húmeda y hojas de laurel tropical, viviendo una inmersión botánica sumamente placentera, apacible y educativa para toda la familia.
La densa sombra del follaje protege del sol caribeño, convirtiendo el paseo en una experiencia fresca y reconfortante.
Caminar por los senderos señalizados prestando atención al canto de las aves tropicales y al avistamiento de reptiles.
Aprovechar las plataformas de madera para bañarse en las lagunas autorizadas en un entorno selvático sereno.
Aplicar repelente de mosquitos ecológico y llevar calzado deportivo cómodo para los tramos de tierra.
Respetar la fauna autóctona sin arrojar alimentos a las tortugas de agua dulce ni alterar los manglares.
Cómo nacen los ojos de agua
Las lagunas de este parque son ventanas abiertas hacia el agua subterránea. La caliza que forma el suelo del extremo oriental de la isla es una roca que se disuelve lentamente con la lluvia, y el proceso crea cavidades, cuevas y depresiones.
Cuando el techo de una cavidad se hunde, el agua del acuífero aflora y forma una poza. De ahí el nombre de ojos: espejos de agua rodeados de vegetación que parecen mirar al cielo.
El agua que verás procede de la lluvia filtrada a través del terreno, y su tonalidad verde o azulada depende de la profundidad, de las algas y de la luz.
Observar cómo cambia el color según la hora es una buena manera de dedicar unos minutos a cada laguna sin prisa.
Una tierra con memoria indígena
Antes de la llegada de los europeos, la parte oriental de La Española formaba parte del cacicazgo de Higüey, uno de los cinco territorios en que se organizaban los taínos. Esta cultura aprovechaba los recursos del bosque, los ríos y el mar, y consideraba sagrados muchos elementos de la naturaleza.
El nombre del parque rinde homenaje a esa herencia, y los senderos invitan a imaginar cómo era el paisaje en aquella época.
Aunque hoy el entorno esté protegido y organizado para visitantes, conviene recordar que se trata de un espacio con valor cultural. Camina con respeto, sin dejar residuos ni alterar el entorno.
Un baño con cuidado
Si el parque permite bañarte en alguna de las lagunas, entra despacio, ya que el agua fresca contrasta con el calor ambiente. Evita aplicarte protector solar o repelente justo antes de sumergirte, porque las sustancias químicas se acumulan en un ecosistema cerrado.
Utiliza prendas de manga larga, un sombrero y, si lo necesitas, productos biodegradables para proteger tu piel sin dañar el agua.
Lleva calzado cómodo para caminar sobre raíces y piedras húmedas, una toalla ligera y agua para beber. Al terminar, tómate un respiro en una sombra tranquila y escucha: el canto de las aves y el roce de las hojas completan la experiencia.
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