Cien mil danzantes llenan Puno en la fiesta de la Candelaria
La Fiesta de la Virgen de la Candelaria es la mayor festividad cultural y religiosa del Perú, celebrada cada febrero en Puno y declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO. Reúne a más de 100.000 músicos y danzantes en colosales pasacalles con la Diablada y Morenada.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La capital folclórica del Perú y de América
Cada mes de febrero, la ciudad de Puno se convierte en el epicentro de la manifestación cultural más multitudinaria, colorida y devota de los Andes. La fiesta rinde homenaje a la 'Mamacha Candelaria', patrona de la ciudad asociada con la Pachamama y los cultos a las aguas sagradas del Titicaca.
El concurso de danzas y la Gran Parada de Trajes de Luces
Las celebraciones arrancan con el concurso de danzas autóctonas en el estadio municipal, donde comunidades quechuas y aymaras presentan bailes ancestrales al son de zampoñas y tambores.
El clímax ocurre durante la Gran Parada y Veneración, cuando desfilan decenas de comparsas de 'Trajes de Luces': pesados atuendos bordados con hilos de oro y plata, espejos, piedras preciosas y máscaras monumentales de diablos, arcángeles y morenos.
Reserva de hospedaje: Si planeas asistir a la fiesta en febrero, reserva hoteles y billetes de transporte con al menos 4 a 6 meses de anticipación debido a la altísima demanda.
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Los talleres de mascareros y el arte del bordado tradicional puneño
Detrás del fastuoso colorido que desborda las calles de Puno durante la festividad de la Virgen de la Candelaria late el trabajo silencioso de familias enteras de artesanos, bordadores y mascareros concentrados en barrios históricos como Bellavista y Laykakota.
A lo largo de todo el año, estos maestros populares moldean en yeso, latón y fibra de vidrio las monumentales máscaras de cuernos retorcidos para la diablada, así como los cascos relucientes de los caporales y morenos.
Los trajes de luces, elaborados con terciopelo, hilos metálicos dorados, lentejuelas, pedrería y espejuelos, llegan a pesar más de quince kilos y representan meses de laboriosa confección manual que pasa de generación en generación.
Recorrer los talleres artesanales en los días previos a las celebraciones permite descubrir el trasfondo espiritual de una devoción colectiva donde la fe religiosa, la sátira colonial y el agradecimiento a la Pachamama se funden en una sola expresión comunitaria.
La música interpretada por las bandas de bronces y los conjuntos autóctonos de sikuris acompaña cada paso de la procesión y el desfile, generando una vibración acústica continua que envuelve la ciudad durante día y noche.
La devoción a la 'Mamita Candelaria' une a danzantes de diversas procedencias en una fiesta declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Conocer el minucioso trabajo de los talleres de bordadores y mascareros en los barrios tradicionales de Puno.
Comprender el simbolismo de los trajes de luces y el esfuerzo físico que supone bailar con vestimentas de gran peso.
Reservar hospedaje y transporte con meses de anticipación debido a la masiva afluencia de visitantes en febrero.
Asistir con respeto a los actos litúrgicos en el santuario de la Virgen de la Candelaria junto a los danzantes.
Una fiesta entre lo religioso y lo popular
La fiesta de la Candelaria nace de la devoción a la Virgen que se venera en Puno y que se celebra cada año a comienzos de febrero.
Con el paso del tiempo, la celebración se ha ido llenando de música, danza y colorido hasta convertirse en una de las manifestaciones culturales más importantes del altiplano. La UNESCO la reconoció como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
Lo que se ve en las calles es la mezcla entre la fe católica traída por los españoles y las tradiciones andinas que ya existían.
Esa fusión se aprecia en los trajes, en las máscaras y en los ritmos, que evocan tanto a los santos como a la tierra y a las montañas.
Danzas, bandas y comparsas
Durante los días de la fiesta desfilan cientos de comparsas con danzas de distintos estilos, algunas de carácter ritual y otras más teatrales. Las bandas de música acompañan con instrumentos de metal y percusión, y el sonido llena las calles desde la mañana.
Entre las danzas más conocidas figuran las que representan diablos, caporales y otras figuras de la tradición local.
Si piensas asistir, reserva alojamiento con mucha antelación, porque la ciudad se llena de visitantes. Lleva ropa de abrigo por las mañanas frías, protección solar para las horas de sol intenso y mucha paciencia en los desplazamientos.
A pesar de la multitud, el ambiente suele ser festivo y respetuoso, y la experiencia es una buena forma de conocer el alma de Puno.





