Las torres funerarias de Sillustani junto a la laguna Umayo

Las Chullpas de Sillustani son un monumental cementerio preincaico e incaico emplazado en una península sobre la enigmática Laguna Umayo, cerca de Puno. Famoso por sus colosales torres funerarias de piedra volcánica donde eran enterrados los nobles y sacerdotes de la civilización Colla.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Torres funerarias circulares de piedra pulida en la necrópolis preinca e inca de Sillustani sobre la laguna Umayo
Diego Delso, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

El santuario de la Inmortalidad en el altiplano

Dominando la meseta altiplánica a 3.900 metros de altitud cerca de Puno, el complejo arqueológico de Sillustani sobrecoge por su atmósfera de misticismo y silencio frente a las aguas calmas de la Laguna Umayo.

Arquitectura lítica de las torres funerarias

Las 'chullpas' son mausoleos cilíndricos construidos con gigantescos bloques de andesita y basalto perfectamente pulidos y encajados. Su forma troncocónica invertida (más ancha arriba que en la base) algunos interpretan como símbolo del útero materno de la Pachamama, hacia donde el difunto en posición fetal renacía a la otra vida.

Una de las más conocidas es la 'Chullpa del Lagarto', una torre de 12 metros de altura con una piedra labrada con la figura de un lagarto totémico que custodiaba a los jerarcas enterrados con sus ofrendas.

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Cosmovisión funeraria kolla y el entorno místico de la laguna Umayo

El emplazamiento de las chullpas de Sillustani no fue casual, sino fruto de una profunda comunión entre la geografía altiplánica y la espiritualidad del pueblo kolla, que concebía la península de Umayo como un umbral sagrado entre el mundo terrenal y la morada de los ancestros.

En varias torres cilíndricas, las pequeñas aberturas se orientan hacia el este, de modo que los primeros rayos del sol matinal iluminaran el reposo de los dignatarios momificados y propiciaran su renacimiento diario en el cosmos andino.

El entorno silvestre de la laguna Umayo añade una dimensión paisajística al conjunto arqueológico, con aguas quietas de tono azul profundo donde anidan parihuanas, zambullidores y patos andinos.

En los riscos pedregosos que rodean las torres es muy común avistar vizcachas tomando sol en completo silencio entre los pastos de ichu. La combinación de vientos cordilleranos, horizontes dilatados y arquitectura megalítica convierte el atardecer en Sillustani en un momento de serena contemplación histórica.

En la meseta también se encuentran círculos de piedra de uso ceremonial, donde los sacerdotes andinos celebraban ofrendas a la tierra y observaciones astronómicas vinculadas al calendario agrícola.

Caminar con sosiego por el sendero perimetral permite conectar con la trascendencia espiritual que este promontorio tuvo durante siglos para kollas e incas.

  • Apreciar la orientación astronómica de los vanos de las chullpas alineados con la salida del sol en el horizonte.

  • Descubrir la avifauna lacustre de la laguna Umayo y avistar vizcachas camufladas entre las piedras de la colina.

  • Llevar abrigo cortaviento y guantes para protegerse del rápido descenso de temperatura al caer la tarde.

  • Respetar las estructuras arqueológicas evitando trepar a los basamentos o apoyar objetos sobre los muros pétreos.

Los pueblos que levantaron las torres

Las chullpas de Sillustani se asocian a las culturas del altiplano que dominaron la región antes y durante la expansión inca, entre ellas la colla. Eran sociedades organizadas alrededor de linajes, y estas torres funerarias servían para guardar los restos de personajes importantes junto con ofrendas.

La llegada de los incas no borró esa tradición, y algunas construcciones muestran influencia de ambas culturas.

Al recorrer el sitio, conviene fijarse en las diferencias entre torres: unas más toscas, otras de piedra cuidadosamente labrada, con ajustes tan precisos que apenas entra una hoja entre bloques. Esa variedad cuenta distintas épocas y niveles de habilidad de los constructores.

La laguna y la luz del altiplano

El conjunto se alza sobre una península en la laguna Umayo, y esa ubicación contribuye a su atmósfera. A esta altitud, la luz es intensa y el cielo, de un azul profundo.

Por la tarde, las sombras alargadas resaltan las formas de las torres y el color del agua cambia con las nubes.

Es un sitio abierto y expuesto al viento, por lo que conviene llevar ropa de abrigo, sombrero y protección solar. Recorre el sendero con calma, porque la altura puede hacer que te canses más de lo habitual.

Si vas con guía, aprovecha para preguntar por las creencias sobre la muerte y el más allá, que ayudan a entender por qué estas torres se concibieron como moradas más que como simples tumbas.

Antes de marcharte, dedica unos minutos a mirar el conjunto desde un punto algo alejado: la visión de las torres recortadas contra el agua ayuda a captar la intención de quienes eligieron este emplazamiento.

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