Vicente Pérez Rosales, el parque nacional más antiguo de Chile
El Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, creado en 1926, es la unidad de conservación más antigua de Chile. Con 253.780 hectáreas en plena cordillera de los Andes, alberga atractivos mundiales como los Saltos del Petrohué, el lago Todos los Santos, el volcán Osorno y el cerro Tronador.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Cuna de la conservación silvestre en Chile
Nombrado en honor al visionario diplomático y colonizador Vicente Pérez Rosales, este parque nacional es el buque insignia del ecoturismo en el sur de Chile.
Su geografía integra valles glaciares, lagos de origen volcánico, densas selvas valdivianas y cumbres glaciares que limitan con el Parque Nacional Nahuel Huapi en Argentina, formando un extenso corredor biológico binacional.
Ubicado a escasa distancia de Puerto Varas, concentra las mayores maravillas naturales del circuito lacustre chileno, siendo la base de partida para excursiones hacia el Volcán Osorno y los Saltos del Petrohué.
Red de senderos y ecosistemas únicos
El parque ofrece decenas de kilómetros de senderos de baja, media y alta dificultad.
Entre los más populares destacan el sendero El Solitario, que atraviesa arenales volcánicos uniendo Ensenada con el centro de montaña del Osorno; el circuito a Laguna Verde, con sus aguas de color verde esmeralda; y el Paso Desolación, que bordea el cono volcánico con panorámicas infinitas sobre el lago de Todos los Santos.
En la espesura de sus bosques habita el pudú, uno de los ciervos más pequeños del planeta, y el monito del monte, un marsupial fósil viviente.
Acceso, tarifas y temporadas
Los horarios y la apertura pueden variar según la temporada; consulta la web de CONAF. Los boletos para las zonas reguladas (como los saltos de agua) se gestionan a través de CONAF. Es un punto clave del famoso Cruce Andino hacia Peulla y Bariloche.
Reserva de la Biósfera:
El parque integra la Reserva de la Biósfera Bosques Templados Lluviosos de los Andes Australes, reconocida por la UNESCO por su excepcional riqueza genética.
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El bosque templado lluvioso y árboles milenarios de alerce y coihue
Creado en 1926, el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales ostenta el histórico honor de ser la primera área silvestre protegida establecida en Chile, abarcando más de doscientas cincuenta mil hectáreas de cordillera andina, volcanes activos y cuencas lacustres vírgenes.
El corazón biológico del parque está constituido por el bosque templado lluvioso valdiviano, uno de los ecosistemas más lluviosos, verdes y biodiversos del hemisferio sur.
En las quebradas húmedas y faldeos montañosos prosperan ejemplares milenarios de alerce andino (Fitzroya cupressoides), coníferas gigantescas que pueden vivir más de tres mil años, junto a corpulentos coihues, ulmos de profusa floración melífera blanca, arrayanes de corteza canela y tupidos bosques de caña colihue que forman intrincadas galerías vegetales bajo las copas.
Fauna autóctona: el pudú, el huillín y aves del bosque austral
Este santuario natural proporciona refugio a especies emblemáticas y amenazadas de la fauna patagónica austral.
En la espesura del sotobosque habita el pudú, el ciervo más diminuto del mundo, caracterizado por su timidez y hábitos solitarios, así como el huillín o nutria de río que nada en las aguas protegidas del lago Todos los Santos y sus afluentes.
Entre las ramas de los coihues pueden avistarse aves representativas de la selva fría como el chucao, cuyo potente canto alerta a los caminantes desde el follaje bajo, el huet-huet, el rayadito y el imponente carpintero negro magallánico.
La red de senderos del parque, como el sendero Paso Desolación o el sendero Los Enamorados, permite adentrarse con seguridad en este ecosistema primordial.
Caminar con calzado impermeable por los senderos autoguiados de los Saltos del Petrohué respetando las barandillas.
Mantenerse en silencio en los tramos boscosos para escuchar el canto territorial del chucao entre las ramas bajas.
Registrar el ingreso en las guarderías de guardaparques de CONAF antes de iniciar travesías de montaña hacia el Osorno.
Un parque con tres rostros: lago, volcán y selva
Lo que hace especial a este parque es la variedad de paisajes que reúne en un territorio relativamente compacto. Hay grandes lagos de origen glacial, conos volcánicos como el Osorno y el Puntiagudo, ríos de aguas claras y selva templada lluviosa.
En un mismo día puedes pasar de una playa de arena oscura a un sendero entre helechos gigantes y terminar mirando un glaciar a lo lejos, en los límites con Argentina.
La historia humana también deja su rastro. Los pueblos huilliches y mapuches conocían estos valles mucho antes de la llegada de los colonos europeos, y varios topónimos de la zona proceden de su lengua.
Cuando leas un nombre en un cartel, tómate un momento para preguntar su significado a un guía local; suele revelar una observación precisa sobre el entorno.
Visitar con poco impacto
Un parque nacional es un espacio de conservación antes que un escenario para fotos. Mantente en los senderos, lleva contigo tus residuos, evita cualquier tipo de fuego y respeta el silencio de los bosques, que es también el hábitat de aves y mamíferos esquivos. Si observas fauna, hazlo desde lejos y sin ofrecerle comida.
Por último, ten en cuenta que el tiempo es cambiante. Una chaqueta impermeable, calzado con buen agarre y una capa de abrigo son suficientes para la mayoría de los paseos, y te permiten disfrutar incluso cuando cae una llovizna, que forma parte natural de la identidad del lugar.





