Casas victorianas de madera en el centro histórico de Puerto Plata

El centro histórico de Puerto Plata conserva decenas de casas de madera de estilo victoriano caribeño construidas durante el auge comercial del tabaco y el cacao en el siglo XIX, un estilo arquitectónico poco común en el resto de República Dominicana.

Por

Período de auge
Segunda mitad del siglo XIX, exportación de tabaco y cacao
Estilo arquitectónico
Victoriano caribeño, en madera con balcones y detalles ornamentales
Particularidad
Poco común en el resto de República Dominicana
Recomendación
Recorrer a pie las calles alrededor del parque central

Historia y consejos de visita

El auge comercial del tabaco y el cacao en la segunda mitad del siglo XIX dejó en Puerto Plata un centro histórico particular dentro de República Dominicana: decenas de casas de madera de estilo victoriano caribeño, con balcones, celosías y detalles ornamentales que reflejan la prosperidad de los comerciantes de la época.

A diferencia de la arquitectura de piedra coralina de la Zona Colonial de Santo Domingo, este estilo en madera es casi exclusivo de Puerto Plata en el país, y varias de estas casas han sido restauradas en las últimas décadas.

Un paseo a pie por las calles alrededor del parque central permite apreciar esta arquitectura sin necesidad de un recorrido guiado.

Arquitectura victoriana gingerbread y colores caribeños

El corazón urbano de Puerto Plata exhibe una de las colecciones de arquitectura victoriana decimonónica mejor conservadas de la cuenca antillana.

Tras la reconstrucción de la ciudad a partir de 1865, la próspera burguesía mercantil exportadora levantó residencias de madera inspiradas en el estilo victoriano anglosajón, adaptado con genialidad a los requerimientos climáticos del Caribe.

Estas casonas se distinguen por sus elegantes celosías caladas en los aleros, conocidas popularmente como grecas de pan de jengibre (gingerbread), amplios porches corridos con balaustradas torneadas y tejados de zinc a dos aguas pintados en alegres tonos pasteles como rosa coral, turquesa, amarillo canario y verde agua.

Los ventanales de lamas de madera permitían una ventilación cruzada continua, manteniendo el frescor interior frente al cálido sol tropical.

El Parque Central, la glorieta municipal y el Paseo de Doña Blanca

El epicentro de la vida cívica y social es la Plaza Independencia o Parque Central, un amplio espacio ajardinado poblado por frondosas palmeras reales, laureles y ficus centenarios.

En su centro se alza una primorosa glorieta octogonal de madera de dos niveles, construida a finales del siglo XIX como quiosco para las retretas de la banda municipal de música, cuyos detalles decorativos calados evocan el encanto de la época romántica.

A escasos pasos de la plaza se encuentra el Paseo de Doña Blanca, un coqueto callejón peatonal pintado de un vibrante tono rosa, creado en homenaje a una dama fundadora de la hotelería local.

Asimismo, la cercana calle de las sombrillas despliega un dosel flotante de quitasoles multicolores suspendidos sobre los adoquines, constituyendo dos de los enclaves más fotogénicos y concurridos del centro histórico.

La Casa Museo General Gregorio Luperón y la memoria patriótica

En una de las calles adyacentes al parque central se erige la Casa Museo General Gregorio Luperón, una residencia victoriana dedicada al gran prócer de la Guerra de la Restauración dominicana.

En su interior se recrean los salones residenciales de época, con mobiliario de época, espejos, lámparas y documentos históricos.

La casona presenta una exposición sobre los episodios bélicos que devolvieron la soberanía nacional a la república en 1865, con documentos y objetos de la época.

La visita a esta residencia complementa de forma enriquecedora la comprensión cívica de la ciudad más allá de sus atractivos costeros.

  • Caminar despacio por las calles aledañas al Parque Central para apreciar las cenefas y molduras de madera en las casonas.

  • Fotografiar los contrastes de luz y color en el Paseo de Doña Blanca a primera hora de la mañana cuando no hay multitud.

  • Visitar la Catedral de San Felipe Apóstol, junto al Parque Central.

El origen del nombre de la ciudad

El nombre de Puerto Plata tiene un aire poético que ha dado lugar a distintas explicaciones.

La más difundida cuenta que Cristóbal Colón, al llegar a esta costa a finales del siglo XV, vio cómo las nubes que cubrían la montaña cercana adquirían un reflejo plateado, y de ahí habría surgido la idea de llamar al lugar «puerto de la plata».

Sea o no exacta la anécdota, la montaña que domina la ciudad sigue envolviéndose en nubes con frecuencia, y no es difícil entender por qué la imagen ha perdurado en la memoria local.

Tenerlo en mente da otra dimensión a un paseo por el centro. Entre las casas de madera, los porches y los parques, la ciudad conserva la huella de varios siglos de comercio marítimo, y el mar nunca queda lejos.

Si tienes ocasión, acércate al malecón para ver cómo se relacionan el casco histórico y la costa, y mira hacia el monte para completar la escena que dio nombre a la ciudad.

Sigue explorando Puerto Plata, o descubre también Ocean World Adventure Park: Fauna Marina cerca de Puerto Plata. Más contexto sobre el país en nuestra Guía de República Dominicana.