Desde el mirador Kadares, agujas de basalto talladas por el hielo

Situado en las inmediaciones de la meseta de Geech a unos 3.760 metros de altitud, el Mirador Kadares es famoso por ofrecer algunas de las perspectivas más fotogénicas del parque. Desde su cornisa se contemplan agujas monolíticas de basalto volcánico esculpidas por millones de años de erosión.

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Impresionantes acantilados y mesetas de alta montaña en el Parque Nacional de las Montañas Simien.
A. Davey from Where I Live Now: Pacific Northwest (CC BY 2.0)

Datos clave de la atracción

Altitud
Unos 3.760 metros sobre el nivel del mar
Ubicación
Cornisa norte del altiplano de Geech
Distancia desde campamento Geech
Menos de una hora a pie por sendero suave
Atracción fotográfica
Torres monolíticas y farallones al sol del atardecer
Dificultad
Baja a moderada; sendero claro sin pasos de exposición técnica

Esculturas colosales de piedra y viento

El mirador Kadares permite entender la magnitud de las coladas basálticas terciarias de Etiopía. Las fallas tectónicas del Gran Valle del Rift y la meteorización han esculpido pilares exentos de gran altura que se yerguen solitarios sobre la planicie inferior.

El espectáculo del sol poniente sobre Simien

A última hora de la tarde, la luz rasante resalta las texturas estriadas de las capas geológicas de basalto. Los colores viran del ocre al dorado ardiente, convirtiendo a Kadares en el mirador favorito de los fotógrafos de paisaje que pernoctan en Geech.

Flora Rupícola y aclimatación al vértigo

En las hendiduras del borde crecen pequeñas plantas alpinas adaptadas al viento incesante. Sentarse en las rocas de Kadares permite aclimatarse progresivamente a la altitud y a la sensación de vacío antes de acometer la jornada más exigente hacia Chennek.

Contraste cromático de las coladas de basalto

El mirador de Kadares ofrece una de las panorámicas más singulares del macizo debido a los contrastes tonales de sus formaciones rocosas. Las paredes escarpadas exhiben tonalidades que van desde el negro tizón del basalto columnar hasta ocres ferruginosos y verdes claros formados por líquenes rupícolas adaptados a la sequedad.

Estas alternancias cromáticas quedan especialmente acentuadas en las primeras horas tras las lluvias estivales, cuando el agua escurre por los acantilados dejando estelas brillantes sobre la piedra oscura y haciendo resaltar la geometría prismática de las antiguas columnas de lava.

Comportamiento de la fauna en las cornisas occidentales

Las repisas y grietas situadas inmediatamente bajo el mirador Kadares sirven de refugio y apostadero para diversos animales de alta montaña. Bandadas de cuervos picogordos planean en círculos acrobáticos utilizando las corrientes ascendentes del cañón para descender luego a escasos metros de los caminantes con su reclamo sonoro peculiar.

Asimismo, grupos reducidos de íbices walia aprovechan la tranquilidad relativa de estas laderas menos transitadas para pastar durante las horas vespertinas, confundiéndose casi a la perfección con el color ceniciento de las peñas gracias a su pelaje mimético pardo oscuro.

Recomendaciones para la aproximación crepuscular desde Geech

Alcanzar Kadares al caer la tarde desde el campamento de Geech requiere una caminata de menos de una hora a través de senderos ondulados entre campos de lobelias. Es prudente llevar una linterna frontal con baterías cargadas en la mochila para emprender el regreso una vez oculto el sol.

Dado que la temperatura se desploma con rapidez tras el crepúsculo en estas cotas cercanas a los cuatro mil metros, conviene iniciar el retorno en cuanto la luz tenue lo permita, caminando agrupados junto al guía local para evitar perder la traza principal entre los pastizales oscuros.

Guardar silencio durante la marcha de vuelta permite además escuchar las llamadas lejanas de los chacales y observar el cielo nocturno extraordinariamente despejado y limpio de contaminación lumínica.

Fauna de las tierras altas que puede cruzarse en tu camino

El entorno de Simien es uno de los refugios más importantes del país para especies que solo viven en las montañas etíopes.

Con paciencia y suerte es posible ver al gelada, un primate herbívoro que pasa gran parte del día sentado en las praderas arrancando hierba con los dedos y que se desplaza en grupos numerosos.

También habita la región el íbice walia, una cabra montés típica de estos acantilados, y en las zonas más altas vive el lobo etíope, un cánido esbelto de pelaje rojizo que caza roedores.

Observarlos exige silencio y distancia. No te acerques, no ofrezcas comida y sigue las indicaciones de tu guía, que conoce las costumbres de los animales y los lugares donde suelen aparecer.

Cómo afrontar la altitud

Estar cerca de los cuatro mil metros no es lo mismo que caminar a nivel del mar. Es normal notar el corazón más acelerado, cierta falta de aire al subir cuestas y algo de cansancio. Camina despacio, bebe agua con frecuencia y descansa cuando lo necesites.

Si sufres dolor de cabeza fuerte, mareos persistentes o náuseas, no sigas subiendo y comunícalo a tu guía. Consulta con un médico antes del viaje si tienes alguna condición cardiaca o respiratoria.

Dormir una o dos noches a altitudes intermedias antes de llegar a las zonas más altas ayuda al cuerpo a adaptarse. Evita el alcohol los primeros días.

Un parque protegido que merece cuidado

Las Montañas Simien fueron inscritas por la UNESCO en la lista del Patrimonio Mundial en 1978, en reconocimiento a su paisaje y a su fauna única. Antes de organizar la excursión, infórmate de las normas del parque, que suelen exigir ir acompañado por personal local.

Lleva contigo toda la basura de vuelta, no te salgas de los senderos marcados y evita acercarte demasiado a los bordes del acantilado, donde el viento puede ser fuerte y el terreno inestable.

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