Chennek, campamento al pie del Bwahit donde trepa el íbice walia

Ubicado a unos 3.600 metros en la base de las estribaciones del monte Bwahit, el Campamento Chennek es uno de los enclaves más conocidos de las Montañas Simien y uno de los mejores puntos para observar al esquivo íbice walia, una cabra montés endémica que habita en las cornisas verticales del cañón.

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Ejemplar macho de íbice de Walia endémico descansando entre los riscos rocosos de Chennek.
Rod Waddington from Kergunyah, Australia (CC BY-SA 2.0)

Datos clave de la atracción

Altitud
Unos 3.600 metros sobre el nivel del mar
Especie estrella
Íbice walia (Capra walie), cabra salvaje endémica en peligro
Acceso desde Geech
Travesía alpina de 7 a 8 horas pasando por Imeti Gogo e Inatye
Ascensión cercana
Monte Bwahit (4.430 m), con ascensión posible desde el campamento
Clima nocturno
Frío severo con heladas frecuentes (de -3 °C a 3 °C)

El santuario exclusivo del íbice walia

El íbice walia es un prodigio de agilidad que solo existe en las cornisas de las Montañas Simien. Con sus grandes cuernos curvados hacia atrás que pueden medir más de un metro de longitud, los machos se desplazan con mucha soltura por paredes casi verticales en torno a Chennek.

Ascensión al collado y cumbre del Monte Bwahit

Desde las tiendas de Chennek parte el sendero zigzagueante que sube al collado de Bwahit (4.200 m) y a su cumbre (4.430 m), uno de los picos más altos de la cordillera. Esta ruta brinda la posibilidad añadida de avistar al escaso lobo etíope merodeando entre las matas de pasto afroalpino.

Paisajes épicos de agujas y barrancos

Chennek se asienta en un anfiteatro natural rodeado por moles de piedra volcánica donde el viento de alta montaña y el paso de nieblas fugaces crean una atmósfera salvaje muy apreciada por los fotógrafos de naturaleza.

Observación del íbice walia en las cornisas escarpadas

El entorno del Campamento Chennek es el enclave indiscutible para contemplar al íbice walia (Capra walie), una imponente cabra montés endémica de Etiopía que estuvo al borde de la extinción en el siglo pasado y que ha logrado recuperarse gracias a las medidas de protección del parque.

Los machos adultos presentan una cornamenta gruesa y curvada hacia atrás que puede superar el metro de longitud, aportándoles un porte soberbio contra el cielo andino africano.

Para avistarlos, conviene apostarse en los bordes del cañón en las primeras horas de la mañana, cuando estos ágiles ungulados abandonan sus refugios nocturnos en las grietas más profundas para ramonear brotes de brezo y hierbas en repisas de inclinación suicida.

Su gran capacidad de equilibrio les permite pastar con notable soltura al borde de precipicios verticales de centenares de metros de caída libre.

Preparativos y aclimatación para el ascenso al collado de Bwahit

Desde Chennek parte la exigente ascensión hacia el paso de Bwahit, situado a 4.200 metros, y a la cumbre homónima que corona los 4.430 metros de altitud.

Acometer este trayecto requiere una aclimatación progresiva previa, ya que el esfuerzo cardiovascular sobre rampas empedradas con baja presión atmosférica se hace sentir rápidamente en la respiración de los senderistas.

Es aconsejable iniciar la marcha al despuntar el día a un ritmo constante y pausado, sin saltos ni aceleraciones innecesarias, vistiendo varias capas de abrigo para hacer frente al viento gélido que suele azotar los collados desprovistos de vegetación.

Mantener una hidratación continua con sorbos cortos y llevar tentempiés calóricos te brindará la energía precisa para coronar este mirador geológico excepcional.

Flora afroalpina de altura y aves carroñeras del campamento

La altitud extrema de Chennek da cobijo a una vegetación achaparrada y especializada capaz de resistir heladas nocturnas sistemáticas. Destacan los ejemplares dispersos de lobelia gigante y matorrales leñosos de Hypericum con flores amarillas que crecen al abrigo de las rocas basálticas, conformando un paisaje austero.

En los alrededores de las tiendas es habitual la presencia de aves adaptadas al altiplano, como el cuervo de cuello blanco que inspecciona con curiosidad el terreno y los gigantescos quebrantahuesos que sobrevuelan el campamento en planeos elegantes, aprovechando las corrientes térmicas ascendentes del abismo para vigilar la planicie en busca de restos óseos que fracturar contra las rocas.

Cómo se formó el escarpe de Simien

Las Montañas Simien son el resultado de una intensa actividad volcánica ocurrida hace decenas de millones de años, que cubrió la región con enormes capas de basalto.

Después, la erosión trabajó durante un tiempo larguísimo para tallar los profundos valles, las agujas de roca y los acantilados que hoy dominan el paisaje. El resultado es una meseta elevada cuyo borde cae en vertical a lo largo de grandes desniveles.

Esa historia geológica explica la sensación de vértigo en Chennek.

Desde la cornisa se ve cómo las capas de roca se superponen como las páginas de un libro, y se comprende por qué estos acantilados ofrecen refugio a especies capaces de moverse con soltura en pendientes que serían inaccesibles para otros animales.

Un parque donde también se vive y se cultiva

Las Simien no son un territorio deshabitado. En los alrededores del parque viven comunidades de agricultores y pastores cuyas aldeas, campos y rebaños forman parte del paisaje.

Convivir con la fauna protegida plantea retos, y muchas iniciativas buscan que el turismo ofrezca oportunidades de empleo, como el trabajo de guías o de porteadores, para que la conservación resulte beneficiosa para la población local.

Por eso conviene contratar a guías de la zona y seguir las normas del parque, incluido el acompañamiento obligatorio de personal autorizado en las rutas. Además de aportar seguridad y conocimiento del terreno, es una manera directa de repartir los beneficios del viaje.

Prepárate para un clima cambiante, con sol intenso de día y frío por la noche. Llevar varias capas, protección solar y algo de abrigo ligero te permitirá disfrutar mejor del paisaje, y avanzar sin prisa te ayudará a adaptarte a la altitud.

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