Corales negros a diez metros bajo el agua en Harrison Cove

El Milford Sound Underwater Observatory, emplazado en la protegida bahía de Harrison Cove, permite contemplar la vida marina del fiordo sin mojarse. Debido al fenómeno de 'emergencia de aguas profundas', donde una densa capa superficial de agua dulce tiñe el mar permitiendo que especies abisales como los corales negros crezcan a escasos metros de la superficie.

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El Milford Sound Underwater Observatory, emplazado en la protegida bahía de Harrison Cove, permite contemplar la vida marina del fiordo sin mojarse.

Debido al fenómeno de 'emergencia de aguas profundas', donde una densa capa superficial de agua dulce tiñe el mar permitiendo que especies abisales como los corales negros crezcan a escasos metros de la superficie.

Profundidad de sala
10,4 metros bajo la superficie marina dentro de un cilindro estanco
Acceso exclusivo
Solo accesible en barco como parada añadida en cruceros turísticos
Especie marina estrella
Colonias de coral negro (Antipathella fiordensis) de varios siglos de edad
Fenómeno óptico
Capa de agua dulce con taninos que bloquea la luz emulando el abismo
Capacidad interior
Salas con grandes ventanales circulares y paneles educativos interactivos

Qué ver y experiencia en la visita

El observatorio submarino Milford Discovery Centre flotando en las aguas de Harrison Cove.
Oren Rozen (CC BY-SA 3.0)

El observatorio submarino Milford Discovery Centre es una estructura flotante amarrada en Harrison Cove, a los pies del imponente pico Pembroke Peak. Los visitantes descienden por una escalera circular hasta una cámara estanca sumergida a unos diez metros de profundidad en el lecho marino del fiordo.

A través de ventanales panorámicos de cristal reforzado, se contempla un fenómeno biológico único en el planeta: la inmensa cantidad de agua de lluvia que cae sobre los bosques de Fiordland se tiñe de taninos oscuros al lavar la vegetación y forma una capa superficial de agua dulce de varios metros de grosor que flota sobre el agua marina salada más densa.

Esta capa actúa como un filtro natural que bloquea la penetración de la luz solar, engañando a especies de aguas profundas que normalmente solo habitan a cientos de metros en el abismo marino para que prosperen a profundidades muy accesibles.

Así, es posible admirar delicados árboles de coral negro (que en realidad lucen un color blanco vivo bajo el agua), estrellas de mar y bancos de peces autóctonos.

Por qué el fondo del fiordo es tan especial

La clave de este lugar está en el agua. Las lluvias son tan abundantes que los ríos y cascadas aportan una enorme cantidad de agua dulce, que al atravesar el bosque se tiñe de marrón por los taninos.

Esa agua, más ligera, flota sobre el mar y forma una capa oscura que filtra la luz. Bajo ella, las condiciones se parecen a las de grandes profundidades, aunque en realidad estamos a pocos metros de la superficie.

El resultado es un ecosistema que, en otras partes del mundo, solo se encuentra mucho más abajo. Por eso, en Milford Sound se pueden ver especies de aguas profundas a una profundidad que cualquier buceador alcanzaría con facilidad.

Es el motivo por el que científicos y aficionados a la naturaleza lo consideran un laboratorio natural, y también la razón de que el fiordo se proteja con una reserva marina.

Lo que se ve desde las ventanas

Desde los ventanales del observatorio, el paisaje submarino se despliega como un jardín tenue. Verás corales negros de formas ramificadas, esponjas de colores, anémonas y estrellas de mar, además de peces que se acercan al cristal con total naturalidad.

Aunque se llaman corales negros, su esqueleto es oscuro, pero los animales vivos se ven claros y casi blancos. Mira despacio, porque muchos detalles pasan desapercibidos al primer vistazo.

Los paneles y las explicaciones del personal ayudan a identificar a cada habitante y a entender sus ciclos de vida. Algunos de estos corales crecen con extrema lentitud, y los ejemplares más grandes pueden tener siglos de edad, lo que los convierte en auténticos veteranos del fondo marino.

Esa lentitud es también su fragilidad: cualquier alteración del entorno puede tardar décadas en repararse, algo que conviene tener presente cuando se habla de proteger el fiordo.

Cómo combinarlo con el resto del día

El observatorio suele formar parte de un recorrido en barco, de modo que se visita como una parada dentro de la travesía.

Antes de reservar, consulta en la web oficial qué salidas lo incluyen y si hay plazas disponibles, porque el aforo es limitado y no todas las opciones lo contemplan.

Planifica la visita con tiempo y lleva calzado con suela firme, ya que la escalera de bajada y las plataformas pueden estar húmedas.

Desde el observatorio verás también el pico Pembroke, que domina la bahía de Harrison Cove, y quizá distingas sobre sus laderas el glaciar que cuelga entre las rocas. Con lluvia, la bahía se llena de cascadas y el contraste entre el exterior brumoso y la calma submarina resulta especialmente llamativo.

Si el día es nublado, no lo tomes como un inconveniente: la poca luz exterior no resta valor a lo que se contempla bajo el agua.

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