Arena blanca, rosa y negra desde el mirador de la isla Padar

La Isla Padar (Pulau Padar) es la tercera isla más grande del Parque Nacional de Komodo y uno de los miradores más fotografiados de Indonesia. Desde la cima de su colina escarpada se contemplan simultáneamente tres bahías con arenas de tres colores distintos: blanca, rosa y negra.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Ubicación
Entre la Isla de Komodo y la Isla Rinca, Parque Nacional de Komodo
Ascenso
Escalinata acondicionada de madera y piedra (unos 20-30 min de subida)
Fenómeno único
Tres bahías adyacentes con arenas de colores diferentes (blanca, rosa y volcánica negra)
Equipamiento
Calzado deportivo cerrado, agua abundante, sombrero y protector solar

Uno de los paisajes más fotografiados de Indonesia

Desprovista de población humana permanente y con una silueta volcánica recortada como la espina dorsal de un dragón, la Isla Padar es una de las postales más conocidas del archipiélago de las Islas Komodo en Indonesia.

Crestas afiladas de origen volcánico y aguas de color zafiro desde la cima de la Isla Padar en el Parque Nacional Komodo.
Jakub Hałun, Wikimedia Commons (CC BY 4.0)

La subida al mirador y el amanecer sobre las bahías

Los barcos de crucero fondean en la bahía al alba. El ascenso discurre por una escalera de piedra bien trazada con barandillas y miradores intermedios. Al alcanzar la cresta superior, la vista se abre por completo:

El prodigio de las tres bahías: A la izquierda se abre una ensenada de arena blanca radiante; en el centro, una cala con tintes rosados por fragmentos de foraminíferos rojos; y a la derecha, una solitaria playa de fina arena volcánica negra, todo enmarcado por colinas de sabana verde o dorada según la época del año.

Cómo continuar la travesía en barco

Tras descender de Padar, las lanchas suelen poner rumbo de inmediato hacia la contigua Playa Rosa (Pink Beach) y el santuario de mantarrayas de Manta Point.

Un paisaje moldeado por el fuego y el viento

Padar es una isla de relieve abrupto cuyas colinas parecen plegarse sobre sí mismas. Su origen volcánico se nota en las laderas empinadas, en la roca oscura que asoma entre la hierba y en la forma casi caligráfica de sus bahías, que se recortan como dedos hacia el mar.

La vegetación es de sabana abierta, con escasos árboles, de modo que desde casi cualquier punto se domina el paisaje, sin sombra pero también sin obstáculos para la mirada.

Se suele decir que la isla debe su aspecto a la combinación de un clima seco, los vientos estacionales y la presencia ocasional del fuego, que mantiene el terreno despejado de matorral.

El resultado es una geografía limpia y casi geométrica, que cambia de color con las estaciones: verde intenso al terminar las lluvias, ocre y dorado cuando la sequía se prolonga. Por eso dos fotografías de Padar tomadas en meses distintos pueden parecer de lugares diferentes.

Los dragones que ya no están

Aunque forma parte del parque nacional, Padar tiene una peculiaridad que sorprende a muchos viajeros: hoy se considera que no alberga una población estable de dragones de Komodo.

Se cree que desaparecieron hace décadas, cuando disminuyó el número de presas disponibles, y esa historia sirve para entender la fragilidad de estos ecosistemas. Un depredador necesita a sus presas, y sin ellas ni siquiera el mayor lagarto del mundo puede sostenerse en una isla.

Esa ausencia explica también por qué la visita a Padar tiene un carácter distinto al de Komodo o Rinca. Aquí la protagonista es la geografía, y la caminata se disfruta con una tranquilidad relativa, aunque los guardaparques siguen recomendando prudencia y ajustarse a las instrucciones locales.

Si lo que buscas son reptiles, tendrás que combinar Padar con otra isla del parque dentro del mismo recorrido.

Cómo sacarle partido a la fotografía

El mirador es uno de los lugares más fotografiados del archipiélago, y eso significa que la luz y el momento del día importan mucho.

Con el sol bajo, los colores de las bahías se intensifican y las sombras dibujan las crestas con claridad, mientras que a mediodía la luz plana aplana los volúmenes y borra buena parte del efecto de las tres playas.

Si puedes elegir, prioriza las primeras horas de la mañana o el final de la tarde.

Un objetivo gran angular ayuda a abarcar las bahías en una sola imagen, pero también merece la pena probar un teleobjetivo para aislar detalles: la curva de una playa, un barco fondeado o el contraste entre la arena clara y la oscura.

Lleva siempre un paño para limpiar la lente, porque el polvo y la humedad salina se acumulan con rapidez, y no pierdas de vista el entorno por mirar la pantalla en un sendero con desniveles.

Qué conviene llevar para la subida

  • Calzado cerrado con suela que agarre bien, porque algunos tramos tienen piedra suelta.

  • Una gorra o un sombrero y protección solar, ya que casi todo el ascenso transcurre al descubierto.

  • Agua en cantidad suficiente, mejor en una botella reutilizable que puedas llevar contigo.

  • Una prenda ligera para el viento, que en la cresta suele soplar con fuerza incluso en días calurosos.

  • Una bolsa para recoger tus propios residuos y no dejar rastro en la isla.

Aunque la subida está acondicionada, no deja de ser un esfuerzo físico en un clima caluroso. Sube a tu ritmo, haz pausas en los miradores intermedios y no te lances a la bajada con prisa, que es donde se producen la mayoría de los resbalones.

Si alguien de tu grupo no se siente bien, es perfectamente razonable quedarse abajo y disfrutar de la bahía.