Cientos de iguanas sueltas frente a la catedral, en el Parque Seminario
El Parque Seminario o Parque de las Iguanas es una de las plazas más singulares de Guayaquil, ubicada en el centro de Guayaquil. Alberga cientos de iguanas terrestres verdes que deambulan libremente entre los árboles, frente a la imponente Catedral Metropolitana neogótica.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026
El Parque Seminario, popularmente llamado Parque de las Iguanas, es una parada obligatoria en Guayaquil en la costa de Ecuador.

Iguanas urbanas y fachada de la Catedral de San Pedro
En este jardín arbolado de estilo francés, cientos de iguanas de gran tamaño toman el sol en el césped y trepan a los árboles en pacífica convivencia con los peatones. En el estanque central conviven tortugas acuáticas.
Frente al parque se alza la Catedral Metropolitana de San Pedro Apóstol con sus torres neogóticas y vitrales europeos, descrita en la guía de atracciones de Guayaquil.
Cuidado de la fauna
Las iguanas son inofensivas pero se solicita no tocarlas bruscamente ni suministrarles alimentos no autorizados por los guardaparques.
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Una plaza con dos nombres y mucha historia
Esta plaza se conoce oficialmente como Parque Seminario, aunque también se le llama Parque Bolívar por el monumento ecuestre dedicado al Libertador que ocupa su centro. Ese doble nombre es útil si preguntas por el camino: según la persona, te indicará uno u otro.
Su ubicación, en pleno casco histórico, la convierte en uno de los espacios de encuentro más tradicionales de Guayaquil.
Alrededor del parque se concentran edificios de gran valor para la ciudad, entre ellos la catedral y varias construcciones civiles. Esa vecindad explica por qué la plaza funciona como un pequeño centro de referencia para quien recorre el centro.
Muchos guayaquileños la usan para sentarse un rato, leer o conversar, y su ambiente cotidiano contrasta con el de los lugares pensados solo para turistas.
Cómo convivir con las iguanas
Las iguanas verdes que se pasean por el césped, el suelo y las ramas son el rasgo más curioso del parque. Se acostumbraron a la presencia de la gente y suelen moverse con parsimonia, tomando el sol sobre las zonas más cálidas.
Verlas a pocos metros de los bancos, en pleno centro urbano, resulta una escena inesperada que sorprende incluso a quienes ya las conocen.
Aunque parezcan mansas, siguen siendo animales silvestres. Lo más prudente es observarlas desde cierta distancia, evitar los movimientos bruscos y no intentar cargarlas ni perseguirlas. Si tienes niños, explícales de antemano que no deben tirar de las colas ni asustarlas.
Una iguana molesta puede arañar o morder, y el respeto es la mejor forma de que la convivencia siga siendo tranquila.
También conviene mirar hacia arriba, porque muchas permanecen en las ramas altas, camufladas entre las hojas. Una vez que entrenas el ojo, empiezas a descubrirlas por todas partes.
Es un pequeño juego de observación que anima a quedarse más tiempo del previsto y a descubrir detalles del parque que a primera vista pasan inadvertidos.
La catedral y su aspecto neogótico
Frente a la plaza se levanta la catedral, un edificio de líneas neogóticas con torres esbeltas y un interior de naves altas.
Como ocurre con muchos templos de la ciudad, a lo largo de su historia ha tenido que ser reconstruido y renovado, en parte por los incendios que han marcado la historia urbana. Esa memoria de pérdidas y reconstrucciones forma parte de su identidad.
Si decides entrar, hazlo con respeto: es un lugar de culto activo y no solo una atracción. Habla en voz baja, evita interrumpir celebraciones y cubre hombros si lo piden.
Dentro, vale la pena detenerse en los vitrales, en la luz que filtran y en los detalles de las columnas y las bóvedas, que permiten apreciar la ambición del proyecto.
Un paseo por el centro
Combina la plaza con una caminata corta por las calles cercanas, llenas de edificios patrimoniales.
Visita el parque por la mañana o al final de la tarde, cuando las iguanas suelen estar más visibles y hace menos calor.
Lleva el equipaje justo y cuida tus pertenencias, como en cualquier zona céntrica concurrida.
Consulta en fuentes oficiales si hay celebraciones religiosas o eventos que modifiquen el acceso a la catedral.
Desde aquí es fácil continuar hacia el malecón o hacia otros edificios históricos. La plaza funciona bien como parada breve y también como pausa en un recorrido más largo, pero cuando te sientas en uno de sus bancos descubres que merece algo más que una fotografía rápida.





