Diecisiete arcos sobre el Garona por orden de Napoleón: el Pont de Pierre
El Pont de Pierre, el primer puente sobre el Garona en Burdeos, fue concebido por orden de Napoleón, que necesitaba cruzar rápido el río con sus tropas rumbo a España. Por falta de recursos, las obras se hicieron recién entre 1819 y 1822, enfrentando la fuerte corriente y una marea de hasta 6 metros con una campana de buceo prestada por los británicos. Se inauguró el 1 de mayo de 1822 y tiene 17 arcos.
Por Florencia
- Ubicación
- Sobre el río Garona, Burdeos
- Origen del proyecto
- Ordenado por Napoleón I
- Construcción
- 1819-1822
- Arcos
- 17, sobre 16 pilas
El Pont de Pierre fue el primer puente construido sobre el Garona en Burdeos.

Un puente pensado por Napoleón para sus tropas
El proyecto de este puente se concibió durante el Primer Imperio francés, por orden directa de Napoleón I, que necesitaba que sus tropas pudieran cruzar rápidamente el río durante su campaña militar en España; el diseño original contemplaba incluso un puente de madera, más rápido de construir.
Sin embargo, la falta de recursos retrasó la obra hasta la Restauración borbónica, cuando finalmente se construyó entre 1819 y 1822.
Diecisiete arcos contra la fuerte corriente del Garona
Durante esos tres años de obra, los constructores enfrentaron enormes desafíos por la fuerte corriente del río y una amplitud de marea de hasta 6 metros en ese punto exacto del Garona, para lo cual llegaron a utilizar una campana de buceo prestada por los británicos con el fin de estabilizar los pilares del puente.
El puente cuenta con 17 arcos, un número que según la leyenda coincidiría con las letras del nombre 'Napoléon Bonaparte', aunque en realidad el proyecto original preveía 19 arcos y se redujeron a 17 por razones presupuestarias y arquitectónicas. Se inauguró finalmente el 1 de mayo de 1822.
Una ciudad que vivió siglos sin puente
Hoy cuesta imaginarlo, pero durante la mayor parte de su historia Burdeos no tuvo ningún puente sobre el Garona.
El río es ancho en este punto, su corriente es fuerte y la marea hace subir y bajar el nivel del agua varias veces al día, de modo que los ingenieros de épocas anteriores consideraban casi imposible cimentar pilares estables en su lecho.
Para pasar de una orilla a otra había que recurrir a barcas y transbordadores, un sistema lento y sujeto al estado del río.
Esa falta de conexión explica por qué la orilla derecha, donde hoy se encuentra el barrio de La Bastide, se mantuvo durante siglos como una zona rural y poco poblada frente a la ciudad monumental de la orilla izquierda.
La llegada del puente cambió esa relación: facilitó el tráfico de personas y mercancías con el interior del país y, con el tiempo, impulsó el crecimiento urbano al otro lado del río.
Las obras quedaron a cargo de ingenieros del cuerpo de Puentes y Calzadas, entre los que suele destacarse a Claude Deschamps.
Su solución combinó la experiencia francesa en grandes puentes de piedra con técnicas importadas para trabajar bajo el agua, en un momento en que la ingeniería civil empezaba a enfrentarse a retos cada vez más ambiciosos.
Cómo es el puente: qué mirar al cruzarlo
El puente mide casi medio kilómetro y su aspecto es inconfundible: arcos rebajados de ladrillo rojo enmarcados por piedra clara, una combinación que le da un ritmo muy marcado cuando se mira desde los muelles.
Entre los arcos, sobre cada pila, aparecen medallones blancos que destacan contra el ladrillo y que, de noche, quedan acompañados por las farolas que se alinean a lo largo del tablero.
Al cruzarlo a pie conviene detenerse en el centro. Desde allí se abarca toda la fachada fluvial de la orilla izquierda, con la flecha de la basílica de Saint-Michel, los tejados del barrio de Saint-Pierre y, más allá, la Place de la Bourse.
Mirando río abajo se distingue a lo lejos el puente Jacques Chaban-Delmas, un moderno puente levadizo cuyo tablero central se eleva para dejar pasar a los grandes barcos y veleros.
En los últimos años el uso del puente se ha transformado. El tráfico de coches particulares se restringió y hoy lo recorren sobre todo el tranvía, los autobuses, las bicicletas y los peatones, lo que lo ha convertido en un paseo mucho más agradable y tranquilo que antes.
Curiosidades del Pont de Pierre
Aunque es un puente de piedra y ladrillo de aspecto macizo, su estructura interna es más ligera de lo que parece. Los ingenieros sabían que el lecho del río no soportaría un peso excesivo, de modo que el interior incluye galerías huecas que aligeran la carga sobre los pilares.
Es una de las razones por las que el puente ha sido objeto de estudios y obras de refuerzo a lo largo de su historia, para vigilar el estado de sus cimientos.
El Garona en Burdeos es un río de marea. Si pasas un rato sobre el puente verás que, según el momento, el agua corre hacia el océano o parece subir río arriba, arrastrando troncos y ramas en sentido contrario.
Ese vaivén constante, junto con el color terroso del agua cargada de sedimentos, forma parte del paisaje cotidiano de la ciudad y explica las dificultades que tuvieron quienes construyeron el puente.
Consejos para cruzar el puente
Cruzar el Pont de Pierre a pie lleva unos diez minutos, pero vale la pena reservar más tiempo para detenerse y hacer fotos.
El atardecer es el mejor momento, porque el sol del oeste ilumina las fachadas de piedra de la orilla izquierda y, poco después, se encienden las farolas del puente y las luces de los muelles. Lleva una chaqueta incluso en verano: sobre el río suele soplar viento.
Si vas en bicicleta, el puente forma parte de los itinerarios ciclistas que recorren ambas orillas, y es fácil enlazarlo con un paseo por los muelles de un lado y otro.
Otra opción es cruzarlo en tranvía en un sentido y volver caminando en el otro, para disfrutar de las vistas sin cansarte.
Para ver el puente en sí, y no sólo las vistas que ofrece, lo mejor es alejarse un poco.
Desde los muelles de la orilla izquierda, a la altura del barrio de Saint-Michel, se aprecia la sucesión completa de arcos reflejándose en el agua, y desde el paseo de la orilla derecha se consigue la imagen clásica del puente con la ciudad de piedra detrás.
Por la noche, con el alumbrado encendido, ambos puntos ofrecen algunas de las fotos más bonitas de Burdeos.
Qué ver a ambos lados del puente
En la orilla izquierda, el puente desemboca junto a la Porte de Bourgogne, una puerta monumental del siglo XVIII que daba acceso a la ciudad desde el camino de París.
Muy cerca están el barrio de Saint-Michel, con su basílica gótica y su ambiente popular y multicultural, y la Porte Cailhau, que marca la entrada al barrio de Saint-Pierre.
En la orilla derecha, el barrio de La Bastide ha cambiado mucho en las últimas décadas.
Allí encontrarás un paseo verde junto al río, con la mejor vista frontal de la fachada del Puerto de la Luna, el jardín botánico de la ciudad y antiguos cuarteles y almacenes reconvertidos en espacios culturales y de ocio. Es una buena escapada para ver un Burdeos menos monumental y más contemporáneo.





