Las erupciones del Tungurahua, pintadas en la basílica de Baños

La Basílica de Nuestra Señora de Agua Santa es el centro espiritual de Baños. Construida en piedra volcánica negra entre 1904 y 1944, destaca por sus pinturas murales al óleo que retratan los milagros y las erupciones históricas del volcán Tungurahua.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La Basílica de Nuestra Señora de Agua Santa es el corazón patrimonial e histórico de Baños de Agua Santa en Ecuador.

Church Basilica de Nuestra Señora del Rosario de Agua Santa, Baños, Ecuador en banos-de-agua-santa
Warren Becker, Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

Crónica visual de las erupciones del Tungurahua

El templo neogótico de los frailes dominicos alberga en sus muros laterales una valiosa colección de óleos que ilustran los rescates milagrosos atribuidos a la Virgen ante erupciones, accidentes y otros peligros. En el claustro superior funciona un museo con piezas arqueológicas y arte sacro.

Es una parada fundamental de la ruta urbana reseñada en la guía de Baños.

Tradición religiosa

Durante el mes de octubre se celebran las fiestas patronales con procesiones y danzas folclóricas.

Origen de la devoción a la Virgen de Agua Santa

La historia de la basílica está ligada al propio nombre de la ciudad. Baños nació como un pequeño asentamiento en el valle del Pastaza, al pie del volcán Tungurahua, y desde muy temprano sus fuentes de agua termal se asociaron a propiedades curativas.

La tradición local cuenta que la Virgen se apareció junto a una cascada cercana, y desde entonces el agua que brota de la montaña se considera bendecida. De esa unión entre el agua caliente y la fe surge el nombre completo: Baños de Agua Santa.

Con el tiempo, la imagen de la Virgen del Rosario de Agua Santa se convirtió en protectora del pueblo frente a los peligros de un entorno difícil: erupciones, terremotos, crecidas del río y accidentes en los caminos de montaña.

Los dominicos, que se hicieron cargo del culto, impulsaron la construcción de un templo acorde con la importancia que había adquirido el santuario, al que llegan peregrinos desde distintos puntos de Ecuador.

La arquitectura del templo

Lo primero que llama la atención al llegar a la plaza es el color oscuro de la fachada. El templo está levantado con piedra volcánica de la zona, lo que le da un tono gris casi negro que contrasta con el verde de las laderas que rodean la ciudad.

Sus dos torres y los remates de inspiración neogótica le dan una silueta vertical que se reconoce desde varias calles del centro y que funciona como punto de referencia para orientarse.

En el interior, el ambiente cambia por completo. La nave es luminosa y está decorada con tonos claros, y el altar mayor guarda la imagen de la Virgen, vestida con mantos bordados que se renuevan en las grandes celebraciones.

Es habitual ver a fieles rezando en silencio, encendiendo velas o dejando flores, así que conviene moverse con discreción y evitar el flash durante los oficios.

Cómo leer los cuadros de los milagros

Los grandes lienzos que cuelgan de los muros laterales son, en realidad, una forma de crónica popular.

Cada escena muestra un episodio concreto en el que, según la devoción local, la intercesión de la Virgen salvó a alguien: un camión que cae por un barranco, una casa arrastrada por el río, un grupo de vecinos que escapa de la ceniza del volcán.

Debajo de muchas pinturas hay una leyenda que explica qué ocurrió, a quién y dónde.

Vale la pena recorrerlos despacio, porque retratan la vida cotidiana del valle con mucho detalle: la ropa de la gente, los medios de transporte de cada época, los puentes y las casas de Baños antes de convertirse en destino turístico.

Funcionan como exvotos, una tradición muy arraigada en el catolicismo andino, y ayudan a entender la relación de convivencia, respeto y miedo que la población mantiene con el Tungurahua.

La basílica y el despertar del Tungurahua

La devoción se reforzó a partir de 1999, cuando el Tungurahua entró en un largo periodo de actividad que se prolongó durante más de quince años. Aquel año las autoridades ordenaron evacuar Baños, y durante meses la ciudad quedó prácticamente vacía.

Muchos vecinos regresaron poco después, deseosos de recuperar sus casas y negocios, y la basílica se convirtió en un símbolo de esa vuelta.

Para buena parte de la población, que el pueblo siguiera en pie tras tantas explosiones y caídas de ceniza se explica, al menos en parte, por la protección de la Virgen.

Hoy, cuando el volcán está en calma, esa historia reciente sigue muy presente en las conversaciones y en las ofrendas que se dejan ante el altar.

El museo del claustro

En el piso superior, junto al claustro, el museo reúne objetos vinculados al santuario y a la historia local.

Además de piezas de arte religioso, se conservan vestidos y ornamentos que ha lucido la imagen de la Virgen a lo largo de los años, regalados por devotos, y otros objetos que muestran cómo era la vida en el valle.

Es una visita corta, perfecta para completar el paso por la basílica. Conviene consultar si está abierto y en qué condiciones antes de subir, porque sus horarios no siempre coinciden con los del templo.

Consejos para la visita

La basílica está en pleno centro de Baños, así que puedes visitarla en cualquier momento del día como parte de un paseo a pie.

Si prefieres verla tranquila, las primeras horas de la mañana suelen ser las más calmadas; los fines de semana y durante las fiestas de octubre se llena de peregrinos y familias, lo que tiene su encanto si te interesa el ambiente popular.

Recuerda que es un lugar de culto activo: viste de forma respetuosa y guarda silencio durante las misas.

Si viajas en octubre, infórmate de las fechas de las procesiones, porque las calles cercanas se llenan de puestos, bandas de música y danzas. En esos días es buena idea reservar alojamiento con antelación, ya que la ciudad recibe muchos visitantes de otras provincias.

Qué ver cerca de la basílica

A pocos pasos está el parque central, un buen sitio para sentarse a ver la vida del pueblo, y en las calles de alrededor abundan los puestos de melcochas, el dulce de caña típico de Baños, que se estira a mano colgado de un gancho de madera en la puerta de las tiendas.

Caminando hacia la ladera llegarás a las Piscinas de la Virgen, los baños termales más conocidos de la ciudad, al pie de una cascada que baja directamente de la montaña. Por la noche, la cascada se ilumina y el conjunto resulta muy fotogénico.

Si te quedan fuerzas, desde el borde del pueblo parten senderos que suben a los miradores de la ladera, desde donde se ve Baños entero encajado en el valle, con la basílica destacando entre los tejados.

Es una buena forma de entender por qué este templo ha sido, durante generaciones, el corazón de la ciudad.