¿Por qué los elefantes de Amboseli son tan fáciles de fotografiar?

Los elefantes del Parque Nacional Amboseli conforman una de las poblaciones de paquidermos más estudiadas e intactas de la Tierra. Gracias al proyecto de investigación iniciado por la doctora Cynthia Moss en 1972, cientos de elefantes con defensas colosales caminan libres y habituados a los vehículos, protagonizando la icónica postal con el Monte Kilimanjaro nevado al fondo.

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Población censada
Más de 3.500 elefantes documentados desde 1972
Proyecto científico
Amboseli Trust for Elephants (desde 1972)
Característica única
Presencia de ejemplares 'Super Tuskers' (colmillos de más de 45 kg)

Observar a una matriarca elefante guiando a su familia a través de las polvorientas llanuras de Amboseli, mientras la mole nevada del Kilimanjaro corona el cielo africano, es una de las imágenes cumbres del turismo en Kenia.

Elefantes de grandes colmillos pastando al atardecer en las llanuras de Amboseli.
Ray in Manila (CC BY 2.0)

El santuario de los últimos grandes colmilludos

Amboseli es uno de los escasos reductos de África donde aún sobreviven los denominados 'Super Tuskers' o grandes colmilludos, machos ancianos cuyos colmillos de marfil son tan extensos que casi rozan el suelo al caminar.

La vigilancia comunitaria masái y el seguimiento científico han ayudado a proteger a estas familias frente al furtivismo.

La marcha diaria hacia los humedales

El comportamiento diario de los elefantes sigue una rutina muy marcada: tras pernoctar en los bosques de acacias periféricos para guarecerse del frío, las familias cruzan en fila india la sabana seca durante la mañana con destino a los pantanos de Enkongo Narok y Olokenya, donde se sumergen entre papiros para alimentarse y refrescarse.

Consejo fotográfico: El Kilimanjaro suele cubrirse de nubes densas a partir de media mañana. Madruga antes del amanecer para capturar la cima nevada antes de que el vapor térmico la oculte.

Medio siglo de investigación con nombre propio

Buena parte de lo que hoy se sabe sobre la vida social de los elefantes africanos se aprendió en Amboseli.

En 1972, la investigadora Cynthia Moss y el ecólogo Harvey Croze pusieron en marcha el Amboseli Elephant Research Project, considerado el estudio continuo más largo del mundo sobre elefantes en libertad.

Desde entonces, varias generaciones de científicos kenianos y extranjeros han seguido a las mismas familias año tras año, registrando nacimientos, muertes, alianzas y desplazamientos.

Ese seguimiento permitió entender, por ejemplo, cuánto dependen las manadas de la memoria de las hembras más viejas para encontrar agua y pastos en los años secos.

Cada elefante se identifica por detalles que no cambian con facilidad: la silueta de las orejas, las muescas y agujeros en sus bordes, las venas visibles y la forma y longitud de los colmillos.

Las familias reciben un código y los individuos un nombre, lo que ha convertido a algunos animales en auténticas celebridades. La matriarca Echo, protagonista de varios documentales y libros, guió a su familia durante décadas hasta su muerte en 2009.

Entre los grandes machos, Tim fue uno de los colmilludos más fotografiados de África hasta que murió en 2020.

Otra aportación clave de Amboseli fue el estudio del musth, el periodo en el que los machos adultos aumentan sus niveles hormonales, segregan un líquido por las glándulas temporales y se vuelven más agresivos y activos en la búsqueda de hembras.

La bióloga Joyce Poole describió buena parte de este comportamiento a partir de sus observaciones en el parque.

Si durante tu safari ves a un macho con una mancha oscura en las sienes y goteo constante, es muy probable que esté en musth: conviene dejarle espacio y no bloquear su camino.

Cómo se organiza una familia de elefantes

Las familias que ves cruzar la llanura están formadas por hembras emparentadas y sus crías. Al frente va casi siempre la matriarca, la hembra de más edad y experiencia, que decide el ritmo de la marcha, los lugares de descanso y la reacción ante un peligro.

A su alrededor se agrupan hijas, hermanas, sobrinas y nietas. Es frecuente ver a hembras jóvenes que todavía no han tenido crías ocupándose de los pequeños de otras, un aprendizaje que después aplicarán con los suyos.

Las crías nacen tras una gestación de casi dos años y dependen de la familia durante mucho tiempo.

Los machos, en cambio, abandonan el grupo familiar al llegar a la adolescencia. A partir de ahí pasan años en solitario o en grupos de machos, donde miden fuerzas y establecen jerarquías.

Por eso los grandes colmilludos suelen aparecer solos o en pequeñas cuadrillas, lejos de las familias, salvo cuando buscan hembras receptivas. Observar cómo se saludan dos familias que se reencuentran, con barritos, orejas desplegadas y trompas entrelazadas, es uno de los momentos más emocionantes de un safari en Amboseli.

Sequías, conflictos y conservación

La abundancia de elefantes en Amboseli no está asegurada. La gran sequía de 2009 golpeó con dureza al parque: murieron numerosos elefantes, sobre todo crías y ejemplares ancianos, junto con buena parte de los ñus y las cebras de la zona.

Las familias tardaron años en recuperarse, y los investigadores documentaron cómo las matriarcas con más experiencia lograban guiar mejor a los suyos hacia las últimas reservas de agua y alimento.

El parque es relativamente pequeño y los elefantes pasan gran parte del tiempo fuera de sus límites, en tierras de comunidades masáis. Allí comparten espacio con el ganado y, cada vez más, con cultivos y asentamientos, lo que genera conflictos cuando los animales entran en las huertas.

Los proyectos de conservación de la región trabajan con las comunidades en patrullas de guardas locales, cercados de protección y corredores que mantienen abiertas las rutas hacia las colinas de Chyulu y Tsavo.

La convivencia tradicional de los masáis con la fauna ha sido, en gran medida, lo que ha permitido que estos animales sigan aquí.

Curiosidades de los elefantes de Amboseli

  • Los elefantes se comunican también con sonidos de muy baja frecuencia, por debajo de lo que capta el oído humano, que pueden recorrer grandes distancias.

  • Suelen tener un colmillo más gastado que el otro, igual que las personas usan más una mano: es el que emplean para arrancar raíces y cortezas.

  • Por la mañana muchos llegan cubiertos de polvo claro y por la tarde salen de las marismas con la piel oscura y brillante de barro.

  • Las familias vuelven una y otra vez a los mismos lugares, y los investigadores han observado cómo se detienen junto a los huesos de otros elefantes.

Consejos para observarlos con respeto

La mejor forma de disfrutar de los elefantes es tener paciencia. En lugar de perseguir manadas, pídele a tu guía que se detenga en un punto de paso hacia las marismas y apague el motor: los animales suelen acercarse solos y seguir su camino con total naturalidad.

Nunca te coloques entre una madre y su cría ni cortes la trayectoria de una familia que avanza en fila. Habla en voz baja, no saques el cuerpo del vehículo y evita los movimientos bruscos.

Para las fotos con el Kilimanjaro al fondo, las primeras horas de la mañana suelen ofrecer el cielo más despejado, aunque las nubes son impredecibles y conviene reservar al menos dos o tres salidas.

Lleva prismáticos para reconocer detalles de las orejas y los colmillos, y un teleobjetivo si te interesa la fotografía.

Un buen plan es combinar la observación de elefantes con una parada en Observation Hill, desde donde se ven las marismas de Enkongo Narok, y con un recorrido por el borde del lago seco, donde las manadas cruzan la llanura levantando nubes de polvo.

Planifica tu visita a Amboseli y Kenia:

• Qué ver en Amboseli

• Observation Hill en Amboseli

• Guía de safaris en Kenia