Sombra amarilla en el bosque de Ol Tukai, refugio de jirafas y babuinos

El bosque de Ol Tukai es una exuberante masa forestal de acacias de la fiebre amarilla (Vachellia xanthophloea) situada en el corazón del Parque Nacional Amboseli. Proporciona sombra y forraje fresco en las horas de máximo calor a jirafas, tropas de babuinos y leopardos, albergando en su seno emblemáticos alojamientos históricos.

Por

Especie arbórea
Acacia de la fiebre amarilla (Vachellia xanthophloea)
Etimología masái
Ol Tukai hace referencia a las palmeras enanas autóctonas
Fauna característica
Babuino oliva, jirafa masái, búho real de Verreaux y leopardo
Ubicación
Sector central del parque, rodeado de manantiales y marismas

El frescor verde del bosque de acacias de Ol Tukai ofrece un alivio reparador frente a la resolana de las llanuras abiertas de Amboseli. Sus troncos de un vibrante tono verde amarillento y sus copas plumosas crean una atmósfera umbría que atrae a innumerables especies animales.

Frondosa arboleda de acacias de fiebre amarilla y palmeras en el oasis de Ol Tukai en Amboseli.
Kandukuru Nagarjun from Bangalore, India (CC BY 2.0)

Comportamiento animal a la sombra de los árboles

A mediodía, cuando el calor aprieta, Ol Tukai se convierte en un hervidero de actividad social.

Familias de babuinos oliva descienden de las ramas para acicalarse en claros de hierba, mientras las jirafas masáis estiran sus largos cuellos para ramonear las hojas tiernas de las partes más altas evitando hábilmente las afiladas espinas blancas.

El misterio histórico de la fiebre amarilla

Los primeros exploradores europeos del siglo XIX creían erróneamente que estas acacias emitían miasmas venenosos que causaban malaria y fiebres tropicales, debido a que solían enfermar tras acampar junto a ellas.

En realidad, los árboles crecen únicamente en suelos con agua freática muy próxima a la superficie, el hábitat idóneo para la reproducción de los mosquitos vectores.

Avistamiento de aves rapaces nocturnas: Fíjate en las horquillas de las ramas viejas de Ol Tukai; con frecuencia se descubren parejas del enorme búho real de Verreaux dormitando con sus llamativos párpados rosados.

Un bosque que depende del agua del Kilimanjaro

Para entender por qué hay un bosque tan verde en medio de las llanuras polvorientas de Amboseli hay que mirar hacia el Kilimanjaro.

La lluvia y el deshielo que caen sobre la montaña se filtran a través de la roca volcánica y recorren el subsuelo durante años hasta aflorar en forma de manantiales en la parte baja del parque.

De ese agua subterránea nacen las marismas permanentes que alimentan la vida de Amboseli, y alrededor de ellas, allí donde el nivel freático está cerca de la superficie, crecen las acacias de la fiebre amarilla que forman Ol Tukai.

Esa dependencia del agua explica también la forma del bosque: no es una masa continua que se extiende por todo el parque, sino una franja y unos bosquetes que acompañan a los humedales y a las zonas con suelo húmedo.

Basta alejarse un poco para que el paisaje vuelva a ser una llanura abierta de hierba corta y tierra clara, con el Kilimanjaro al fondo.

Ese contraste tan marcado entre el verde del bosque y el tono pálido de la llanura es uno de los rasgos que hacen tan fotogénico este sector del parque.

La acacia de la fiebre amarilla, de cerca

Lo primero que llama la atención de estos árboles es el color de su corteza, de un verde amarillento casi luminoso, cubierta de un polvo fino.

Esa corteza no es sólo un rasgo estético: puede hacer la fotosíntesis, algo que ayuda al árbol en los periodos en que pierde parte de sus hojas.

Las ramas tienen espinas blancas y rectas, y la copa, extendida y algo plana, proyecta una sombra ligera que aprovechan tanto los animales como las aves que anidan en ella.

Las acacias atraen además a numerosos insectos cuando florecen, con pequeñas flores amarillas en forma de bola, y sus vainas y hojas son un alimento apreciado por jirafas, elefantes y otros herbívoros.

Esa riqueza convierte a cada árbol en un pequeño ecosistema: en las horquillas anidan rapaces, en las ramas se posan tejedores y otras aves pequeñas, y al pie buscan alimento francolines, gallinas de Guinea y mangostas.

Los elefantes y el futuro del bosque

Amboseli es famoso por sus elefantes, estudiados de forma continuada desde comienzos de los años setenta por el Amboseli Elephant Research Project, uno de los estudios más largos del mundo sobre una población de elefantes en libertad.

Esa gran población tiene un efecto directo sobre las acacias: los elefantes arrancan la corteza, rompen ramas e incluso derriban árboles enteros para alimentarse, y los ejemplares jóvenes tienen dificultades para crecer cuando la presión es alta.

A lo largo de las últimas décadas del siglo XX los bosques de Amboseli se redujeron de forma notable, y los estudios apuntan a una combinación de causas: la presión de los elefantes y otros herbívoros, los cambios en el nivel y la salinidad del agua subterránea y la variación de las lluvias.

Por eso, en algunos puntos del parque se han instalado cercados que impiden el paso de los elefantes para permitir que la vegetación se regenere. Si ves troncos pelados o árboles caídos en Ol Tukai, forman parte de esa dinámica natural que los gestores del parque vigilan de cerca.

Tierra masái

El propio nombre de Ol Tukai es masái, y no es casual: Amboseli está en territorio tradicional de este pueblo de pastores, que desde hace generaciones lleva su ganado a beber a las marismas y los manantiales de la zona en la estación seca.

El parque está rodeado de tierras comunales masáis, y buena parte de la fauna sale del parque y se mueve por ellas.

Por eso la conservación de Amboseli depende en gran medida de los acuerdos con las comunidades vecinas, y no es raro cruzarse con pastores y rebaños en los caminos de acceso al parque.

Qué ver en los alrededores de Ol Tukai

Ol Tukai es el núcleo del parque, y en su entorno se concentran varios de los alojamientos, las oficinas del parque y algunos de los puntos de observación más interesantes.

Desde aquí es fácil acercarse a las marismas de Enkongo Narok, donde elefantes, hipopótamos y búfalos pasan buena parte del día en el agua, y a la colina de observación, conocida también como Noomotio, uno de los pocos lugares del parque donde se permite bajar del vehículo y subir a pie para ver el conjunto de marismas, llanuras y el Kilimanjaro.

Hacia el oeste se extiende el lecho del lago Amboseli, que pasa la mayor parte del año seco y cubierto de polvo alcalino, con espejismos y remolinos de polvo en las horas de más calor.

En temporada de lluvias puede llenarse de agua de forma temporal y atraer a aves acuáticas. Combinar el bosque, las marismas y la llanura en un mismo recorrido te da una buena idea de la variedad de paisajes que caben en un parque relativamente pequeño.

Consejos para disfrutarlo

  • Aprovecha el mediodía para recorrer el bosque: cuando la llanura está desierta por el calor, la sombra de las acacias concentra buena parte de la actividad animal.

  • Busca el Kilimanjaro a primera hora de la mañana o al atardecer, cuando las nubes suelen despejar la cumbre; la estampa de las acacias con la montaña detrás es una de las más buscadas de Kenia.

  • Lleva prismáticos para las aves que se esconden entre las copas y un teleobjetivo si te interesa la fotografía.

  • Respeta las normas del parque: permanece en el vehículo salvo en los puntos autorizados y no salgas de las pistas señalizadas.

Planifica tu visita a Amboseli y Kenia:

• Marismas de Enkongo Narok

• Guía completa de Amboseli

• Turismo en Kenia