Piazza Navona

Piazza Navona es una plaza pública y gratuita, construida sobre las gradas de un antiguo estadio romano del año 86 d.C. Su atractivo principal son tres fuentes barrocas, entre ellas la Fontana dei Quattro Fiumi de Bernini, de 1651, con un obeliso egipcio de 16 metros en el centro.

Por Quique · Verificado el 5 de septiembre de 2026

Piazza Navona es una de las plazas más fotografiadas de Roma, con su forma alargada característica y tres fuentes barrocas. Es un espacio público, gratuito y sin horario de cierre — de día funciona con artistas callejeros y puestos, y de noche se llena de gente paseando entre restaurantes y heladerías.

La Fontana dei Quattro Fiumi de Bernini, en Piazza Navona.
Dietmar Rabich, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

La forma que heredó de un estadio romano

La forma ovalada y alargada de la plaza no es casualidad: se construyó literalmente sobre las gradas del Estadio de Domiciano, del año 86 d.C., donde los romanos veían competencias atléticas. El estadio quedó en desuso, se pavimentó en el siglo XV, y durante casi 300 años funcionó como el mercado principal de la ciudad, hasta que en el siglo XVII el papa Inocencio X, de la familia Pamphili, decidió transformarla en la gran plaza monumental que se ve hoy, encargándole el proyecto a dos de los grandes rivales del arte barroco: Gian Lorenzo Bernini y Francesco Borromini.

Entrada
Gratis, sin horario de cierre
Origen
Estadio de Domiciano, año 86 d.C.
Transformación barroca
Década de 1640, bajo el papa Inocencio X
Fuentes
Fontana dei Quattro Fiumi (Bernini, 1651), Fontana del Moro y Fontana di Nettuno

La Fontana dei Quattro Fiumi, la más famosa de las tres, representa los cuatro ríos más importantes de los continentes donde se había extendido el cristianismo en esa época: el Nilo, el Danubio, el Ganges y el Río de la Plata. En el centro se eleva un obelisco egipcio de 16 metros que originalmente formaba parte del Circo de Majencio, en otra zona de Roma, y que Bernini reutilizó para coronar su fuente. En los extremos de la plaza están además la Fontana del Moro, de Giacomo della Porta (con una figura del propio Bernini agregada después), y la Fontana di Nettuno.

La estatua que critica en secreto desde hace 500 años

A pocos metros de la plaza está Pasquino, un torso de mármol muy deteriorado, resto de una escultura griega del siglo III a.C. que decoraba originalmente el mismo Estadio de Domiciano sobre el que se construyó la plaza. Descubierta en 1501 durante una obra, se convirtió desde el siglo XVI en un canal de protesta anónima: los romanos le pegaban de noche poemas satíricos —las «pasquinadas»— criticando al papa de turno o a la nobleza, algo que decirlo en voz alta y con nombre propio podía costar caro. La costumbre sigue viva hoy: todavía aparecen carteles y poemas pegados a sus pies.

Cada diciembre, desde hace más de 200 años, la plaza se llena además con el Mercatino della Befana: puestos de juguetes de madera, dulces típicos y adornos navideños artesanales que funcionan desde el 1 de diciembre hasta el 6 de enero. Esa última fecha es la gran fiesta de cierre: según la tradición italiana, la Befana —una viejita que vuela en escoba— reparte dulces a los chicos que se portaron bien, y carbón a los que no, en una tradición que existía en Roma antes de que se popularizara la figura de Papá Noel.

Una iglesia de Borromini, frente a la fuente de su rival

Sobre uno de los laterales de la plaza está la iglesia de Sant'Agnese in Agone, construida sobre el lugar donde, según la tradición, fue martirizada Santa Inés en el año 304. Su fachada es obra de Francesco Borromini, el gran rival profesional de Bernini —los dos trabajaron a metros de distancia, casi al mismo tiempo, en obras que hoy se miran de frente en la misma plaza, un testimonio arquitectónico de una de las rivalidades más intensas del barroco romano.

Un lago artificial durante 200 años, cada verano

El propio nombre de la plaza es una deformación con siglos de historia: viene del griego «agón» (competencia), que en la Edad Media pasó a «in agone» y terminó derivando, con el uso popular, en «Navona» — un recuerdo lingüístico de que ahí se corrían competencias atléticas en el antiguo estadio romano. Pero el capítulo más curioso de su historia es otro: entre 1652 y 1866, todos los fines de semana de agosto, la plaza se inundaba a propósito. El papa Inocencio X mandó tapar los desagües del sistema de fuentes para que el agua se desbordara y convirtiera el centro de la plaza en un lago artificial, al que acudían tanto nobles en carruaje como vecinos comunes a refrescarse del calor del verano romano. La tradición duró casi dos siglos, hasta que el papa Pío IX la dio por terminada en 1866.

Cómo llegar

Igual que el Panteón, a Piazza Navona no llega el subte directo: se accede caminando desde las estaciones Barberini o Spagna de la línea A, unos 15 a 20 minutos, o combinando con alguno de los colectivos que paran sobre el Corso del Rinascimento, la calle que bordea la plaza por el este.

Un obelisco romano disfrazado de egipcio

El obelisco que corona la Fontana dei Quattro Fiumi parece egipcio, pero no lo es: lo mandó tallar el emperador Domiciano, a fines del siglo I, para un templo dedicado a las diosas egipcias Isis y Serapis que había en Roma —los jeroglíficos, grabados por canteros romanos y no egipcios, agradecen a Domiciano y a sus antecesores—. Con el tiempo se trasladó a un circo sobre la Vía Apia y terminó cayéndose, olvidado entre los escombros, hasta que en 1647 el papa Inocencio X lo encontró durante una visita a esa zona y decidió llevarlo a la plaza que llevaba su apellido familiar. Bernini lo integró a su fuente recién en 1649, dos años antes de que la obra completa se inaugurara en 1651.

La leyenda falsa de la estatua que se tapa la cara

Una historia muy repetida entre guías turísticos cuenta que la figura del Río de la Plata, en la Fontana dei Quattro Fiumi, levanta el brazo para protegerse de la fea fachada de la iglesia de Sant'Agnese in Agone, obra de Francesco Borromini —el gran rival profesional de Bernini—, como si el escultor se burlara a propósito de su competidor. Es un anécdota entretenida, pero cronológicamente imposible: Bernini terminó la fuente en 1651, y Borromini ni siquiera había empezado la fachada de la iglesia, que arrancó recién en 1653. El gesto del brazo levantado tiene una explicación mucho más simple, puramente compositiva: le da dinamismo visual al conjunto y equilibra la postura de las otras tres figuras, sin relación alguna con la iglesia vecina. La rivalidad entre los dos arquitectos sí fue real y documentada — sólo que esta anécdota puntual se inventó después, y se sigue repitiendo porque es una buena historia.

Una plaza que los propios romanos pagaron a la fuerza

El papa Inocencio X, de la familia Pamphili, financió la transformación completa de la plaza —el palacio familiar, la iglesia de Sant'Agnese y la Fontana dei Quattro Fiumi de Bernini— con nuevos impuestos que cayeron directamente sobre los vecinos de Roma, en un momento de dificultades económicas para buena parte de la población. El malestar llegó a tal punto que el propio papa tuvo que poner guardias fijos alrededor de la fuente, las 24 horas, para evitar que los vendedores ambulantes —desplazados de sus puestos habituales para hacer lugar al monumento— la vandalizaran en señal de protesta.

De hipódromo a pista de justas medievales

Mucho antes de las fuentes barrocas, la plaza ya tenía una larga tradición como escenario de espectáculos públicos: construida originalmente como estadio por el emperador Domiciano, durante la Edad Media se usó para carreras de caballos y torneos de justas, entre ellos el llamado «hasti ludium», donde los jinetes debían ensartar con su lanza una serie de anillos suspendidos en movimiento. Esa tradición ecuestre se mantuvo viva durante siglos: en 1634 se corrió ahí la célebre Justa Sarracena, con 24 caballeros divididos en seis equipos, y las carreras de jinetes siguieron celebrándose en la plaza hasta bien entrado el siglo XIX, entre 1810 y 1839 — mucho después de que Bernini hubiera terminado sus fuentes.

Hoy la plaza es completamente peatonal, algo que no siempre fue así: hasta bien entrado el siglo XX convivió con tránsito vehicular real, y recién las sucesivas peatonalizaciones del centro histórico de Roma —pensadas para proteger tanto el empedrado original como las propias fuentes barrocas de las vibraciones del tráfico— la devolvieron a un uso exclusivamente peatonal, más parecido al que tuvo durante buena parte de su historia como espacio público de la ciudad.

Los tres artistas callejeros —retratistas, caricaturistas, pintores al óleo— que hoy ocupan buena parte del perímetro de la plaza durante el día siguen una tradición de siglos: ya en los grabados del siglo XVIII se representa la plaza llena de vendedores y artesanos ofreciendo su trabajo a los paseantes, casi como se ve hoy.

Esa mezcla de historia antigua, arte barroco y vida cotidiana actual es, en el fondo, lo que hace que la plaza siga funcionando como corazón simbólico del centro de Roma.

Vista general de Piazza Navona con sus fuentes barrocas.
Jordiferrer, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
La Fontana del Moro, en uno de los extremos de Piazza Navona.
Wolfgang Moroder, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)
¿Por qué Piazza Navona tiene esa forma alargada?

Porque se construyó directamente sobre las gradas del Estadio de Domiciano, del año 86 d.C. — la forma ovalada del estadio romano quedó impresa en la plaza actual.

¿Qué representa la Fontana dei Quattro Fiumi?

Los cuatro ríos más importantes de los continentes donde se había extendido el cristianismo: el Nilo, el Danubio, el Ganges y el Río de la Plata. La diseñó Bernini en 1651.

¿Es gratis visitar la plaza?

Sí, siempre — es un espacio público sin entrada ni horario de cierre.

¿Qué es Pasquino?

Una escultura griega muy deteriorada, del siglo III a.C., que desde el siglo XVI sirve como tablón anónimo de protesta: los romanos le pegan poemas satíricos criticando al poder de turno.

¿Cuándo funciona el mercado navideño de la plaza?

Del 1 de diciembre al 6 de enero, con la fiesta de la Befana como cierre — una tradición de más de 200 años en la ciudad.

¿Qué iglesia hay en la plaza?

Sant'Agnese in Agone, con fachada de Francesco Borromini, el gran rival de Bernini — los dos trabajaron casi al mismo tiempo en obras que hoy se miran de frente en la misma plaza.

¿Es verdad que inundaban la plaza a propósito?

Sí, todos los fines de semana de agosto entre 1652 y 1866, por orden del papa Inocencio X, tapando los desagües de las fuentes para formar un lago artificial.

¿El obelisco de la plaza es realmente egipcio?

No: lo mandó tallar el emperador romano Domiciano a fines del siglo I, con jeroglíficos hechos por canteros romanos, no egipcios.

¿Cuándo se instaló el obelisco en la fuente?

En 1649, dos años antes de que Bernini terminara la Fontana dei Quattro Fiumi completa, en 1651.

¿Quién encontró el obelisco antes de que llegara a la plaza?

El papa Inocencio X, en 1647, durante una visita a la Vía Apia, donde el obelisco llevaba siglos caído entre los escombros de un antiguo circo romano.

¿Cuánto pesa o mide el obelisco de la plaza?

Unos 16 metros de altura, tallado en granito rojo por orden del emperador Domiciano a fines del siglo I.

¿Qué río representa cada estatua de la fuente principal?

El Nilo, el Danubio, el Ganges y el Río de la Plata — los cuatro continentes donde se había extendido el cristianismo en el siglo XVII.

¿La plaza tiene artistas callejeros hoy?

Sí, pintores, retratistas y músicos ocupan buena parte de la plaza durante el día, una tradición que se mantiene desde hace décadas.

¿Se puede comer alrededor de la plaza?

Sí, hay varios restaurantes y heladerías bordeándola, aunque suelen ser más caros que locales similares a pocas cuadras de distancia.

¿La plaza tiene el mismo aspecto de día y de noche?

Cambia bastante: de día predominan los artistas callejeros y los turistas con cámara, de noche se llena de gente paseando entre restaurantes y bares.

¿Hay heladerías recomendadas cerca?

Sí, la zona alrededor de la plaza concentra varias heladerías artesanales tradicionales de Roma.

Fuentes verificadas el 5 de septiembre de 2026.

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